
Cuando Rosa Rego, madre de Jacobo Hernández, y su pareja se enteraron del naufragio del “Sefi G” a través de la novia del muchacho había bastante confusión sobre cual de los dos era el desaparecido. Por ello, ambos acudieron hasta la base de la Cruz Roja de Riveira para aclarar las dudas. Desde allí contactaron con la cofradía de pescadores, donde confirmaron que e trataba de su hijo. Ella se derrumbó, pero desde ese instante empezó a recibir apoyo psicológico por parte del personal de dicha oenegé. Desde entonces, cada día acuden a la cofradía de Aguiño varios efectivos del área de intervención psicosocial del Equipo de Respuesta Inmediata en Emergencias (ERIE) de la Cruz Roja para prestar en todo momento el apoyo que precisen los familiares y allegados a los náufragos.
Desde que se inicia la búsqueda a primera hora de la mañana, Rosa Rego acude junto a su pareja al edificio de la cofradía aguiñense, donde se habilitó una sala donde pueda aguardar por la comunicación de novedades en el rastreo. La madre de Jacobo, que está muy afectada emocionalmente al pasar por uno de los tragos más amargos de su vida, reconoce que sólo está esperando que aparezca el cadáver y acabe la angustia, pues ha asumido que no lo volverá a ver con vida.
La responsable autonómica del ERIE, Gloria Muñoz Ávila, está al frente del puesto de atención a los familiares en el pósito de Aguiño, y señala que el paso de las horas sin que se produzcan novedades y la climatología adversa no ayudan a que los afectados se encuentren mejor. De todas maneras, y pese a la dureza de lo sucedido, apunta que la gente de mar parece que está hecha de otra pasta, lo asimila de forma diferente y sabe que este tipo de accidentes pueden pasar y quién más o quien menos tiene a algún allegado que vivió una situación semejante. Además de a la mencionada pareja, los psicólogos del ERIE atendieron a la tía -vía telefónica-, a la novia y a los abuelos del muchacho desaparecido, así como al padre del superviviente del naufragio.




















