
Las comarcas del Ulla-Umia y de O Salnés continúan en alerta por las lluvias, pero la calma vivida ayer dio un respiro y permitió el descenso del caudal de los ríos, liberando carreteras y calles ocupadas por las riadas, que el pasado viernes provocaron numerosas incidencias. Con todo, algunos pasos continuaban cortados a última hora, como los subterráneos de la vía del tren, en Valga, donde los vecinos cuyas fueron asediadas por el agua, pudieron volver a la normalidad.
Las previsiones meteorológicas anunciaban precipitaciones para la jornada de ayer, pero el temporal se tradujo en momentos puntuales de viento de carácter fuerte y las precipitaciones fueron escasa. En Valga, uno de los concellos más afectados estos días, junto a Cuntis, los servicios de emergencias seguían en alerta. “Non sabemos se isto será a calma antes de que chegue a tempestade”, comentaba uno de los efectivos de emergencias. Y es que los anegamientos fueron descendiendo por la mañana, los vecinos cuyas casas se vieron rodeadas por la riada ya podían salir –aunque al principio había unos 15 centímetros de agua, que impedían hacerlo sin botas adecuadas– y así hasta que se retiró casi por completo. De hecho, la jornada se cerró con algunas bolsas de agua en la pista paralela al tren y los dos pasos subterráneos cerrados, pero con posibilidad de utilizar otros accesos.
Con todo, la villa pasó el día y la noche vigilante, con tres miembros del GES, tres voluntarios de Protección y otros seis en retén, de guardia. El resto de agrupaciones del Ulla-Umia y de O Salnés, así como los Bomberos y las respectivas policías locales también estuvieron vigilantes. En Caldas, por ejemplo, donde el río Umia estuvo a punto de desbordar por el casco urbano –sí lo hizo en zonas inundables y algunos bajos, como en Cuntis, donde la afección a propiedades privadas fue mayor– estuvieron pendientes del río, cuyo caudal había bajado bastante por la noche, al igual que el del Valga.
El descenso del Umia también alivió los anegamientos registrados a lo largo de todo su cauce, como en Ribadumia.
Los vientos dejaron otras incidencias, pero de menor consideración. Su presencia fue más problemática en zonas costeras, aunque en menor medida, respecto a anteriores temporales, como en Sanxenxo, donde Emerxencias tuvo que retirar un árbol caído en Os Loureiros, Portonovo. En Barbanza dio un buen susto a los que sobre las 16 horas paseaban por las inmediaciones de la fábrica en ruinas de Boiromar, en O Chazo (Boiro), y es que seguramente provocó la caída de dos enormes portales de la zona por donde antaño entraban los camiones. En un temporal anterior, se tumbó otra de la misma factoría y el viento levantó chapas de la cubierta que acabaron en el mar, informaron fuentes presenciales.






















