
Fue una obra muy bien recibida por la prensa de la época y probablemente por un buena parte de la propiedad pero, como en todos los casos, está la otra cara de la moneda. La actuación mencionada fue el vial de acceso al Puerto, pero medio siglo antes. No se trata de la carretera inaugurada por el socialista José Blanco hace tres años, pero en su puesta en marcha también tuvo un gran papel un ministro muy vinculado a Vilagarcía.
Se trata de Fernando Suárez de Tangil, más conocido como Conde de Vallellano un hombre clave para el triunfo del franquismo que ocupó el Ministerio de Obras Públicas entre 1951 y 1957.
Fue durante su cargo cuando se decidió la construcción del vial que uniría el corazón de Vilagarcía, por entonces Obelisco (hoy Praza de Galicia) con el Puerto. Lo que entonces se dio en llamar Avenida es hoy una calle más bien de pequeñas dimensiones, aunque también el Puerto se encuentra mucho más alejado de la ciudad que hace cincuenta años.
En ese distanciamiento también tuvo su importancia una obra que supuso la desaparición de estrechas callejuelas que simbolizaban la personalidad del urbanismo vilagarciano. Numancia, Génova y Zaragoza desaparecieron del mapa para dar paso a la “gran avenida” que, como no podía ser de otra manera, pasó a llamarse Conde Vallellano. Un vial sobre el que la prensa de la época explicó que tenía una “indudable importancia para el tráfico portuario y también para el desarrollo urbanístico de la ciudad”.
Medio siglo después, las palabras no han cambiado mucho. Tampoco las formas. Los propietarios de terrenos y viviendas en estas calles tuvieron que someterse a la expropiación forzosa de sus bienes, por los que recibieron una indemnización. Para entregarles el dinero se les citó en el Ayuntamiento aunque bien es cierto que en aquella época no tuvieron que esperar siete años, sino tan solo unos meses.
Eso sí, el proceso estuvo lleno de advertencias. Así, en agosto de 1955 el alcalde Rey Daviña publicaba un bando en el que instaba a los propietarios de terrenos en esa zona a proceder a su vallado ya que si no las obras sería ejecutadas “por brigadas de obreros” y “por cuenta a perjuicio de los propietarios”.
la piqueta y el relleno
Las obras de construcción de Conde Vallellano conllevaron la demolición de varios edificios, entre ellos algunos de los bares más emblemáticos de la Vilagarcía de mediados del siglo pasado. La primera víctima de la piqueta fue “As tres portiñas”, al que seguirían “Cuatro Caminos” y “Xesteira”. La demolición de lo que la prensa dio en llamar “viejas casas” precedió a la construcción de un vial que uniría “la Plaza de Calvo Sotelo con la de Ramiro Cores saliendo a la amplia zona que ha de ser rellenada, ganada al mar”. Primer aviso.




















