
El ajuste de cuentas parece ser la causa que se esconde detrás del extraño suceso que implica directamente al entorno familiar de Ramón Dorgambide, lugarteniente de David Pérez Lago. La Subdelegación del Gobierno confirmaba ayer que esta es la principal hipótesis sobre la que se trabaja en la investigación que tiene como finalidad principal el encontrar a los tres encapuchados que encañonaron y retuvieron durante horas a la mujer y a la asistenta del narcotraficante. Los agentes de la Policía Nacional recogieron pistas en el interior del chalé en donde todo sucedió, así como en el vehículo modelo Audi A8 robado del inmueble y que ayer por la mañana aparecía en la avenida de Rubiáns con las llaves dentro.
Según fuentes próximas a la investigación Ramón Dorgambide podría deber cierta cantidad de dinero de un pequeño alijo a un cártel de la droga. Lo ocurrido en su chalé de O Rial sería un aviso al narcotraficante que en estos momentos se encuentra cumpliendo condena en la cárcel de A Lama con la intención de que salde cuanto antes esa deuda. Sin embargo, tampoco se descarta que los encapuchados buscasen algo en concreto en el interior del inmueble dado que durante las seis horas que estuvieron en la casa registraron todos los rincones de la misma.
Lo cierto es que el suceso tiene un argumento propio de una película de acción. Tres hombres encapuchados y portando armas de fuego se hicieron pasar por repartidores para acceder a la vivienda vilagarciana en la que se encontraban la mujer y la empleada del hogar del socio del hijastro de Oubiña. Una vez dentro las maniataron con bridas y las recluyeron en una de las dependencias del chalé, según la versión ofrecida por ambas. No fue hasta pasadas las cinco de la tarde cuando los tres individuos huyeron llevándose dos coches de alta gama. Uno de ellos, el Audi A6, aparecía tan solo minutos después ardiendo y sin placas de matrícula en una pista secundaria de Vilanoviña. El segundo, en perfecto estado, aparecía ayer en Vilagarcía. Pese a que todo esto sucedió a plena luz del día las mujeres no denunciaron los hechos hasta el filo de las ocho de la tarde.
El estado en el que apareció el primer vehículo, totalmente calcinado, ya hizo sospechar a los agentes que algo turbio se encontraba detrás del suceso. Y es que el caso responde al “modus operandi” tradicional de los ajustes de cuentas por tráfico de drogas en las Rías Baixas. n






















