
El CRAT se proclamó el sábado en Gijón campeón de la liga de División de Honor femenina al superar en la final al Getxo por 39-5. A la quinta fue la vencida para el equipo coruñés, que en los últimos cuatro años se había tenido que conformar con tres subcampeonatos y un tercer puesto. Esta vez fue diferente. Con una arousana en sus filas. Virgina Padín. La vilagarciana forjada en Os Ingleses que dio el salto esta temporada al conjunto coruñés al cumplir los 17 años en enero, la edad mínima que exige la liga.
Virginia se inició en el rugby hace cuatro temporadas. “Empecé porque me animó una prima y la verdad es que me enganché, el rugby te hace seguir sin perder el interés”. Desde que llegó al CRAT este año ha sido una fija para el técnico Rogelio Sabio. Juega de pilier. “Tuve muy buena acogida. Disputé casi todos los partidos de titular, menos el último de liga y la final, en la que jugué en la segunda parte”. Es la jugadora más joven del equipo. Por eso reconoce que en la final del sábado “tenía muchos nervios y mucha responsabilidad. Te ves con 17 años rodeada de internacionales”. Juega junto a las neozelandesas Shaan Waru y Maia Tua-Davidson, la apertura que lideró el triunfo ante Getxo. Además de la italiana Eleonora Ricci y las internacionales españolas Paula Medín y Vanesa Rial.
De todas ellas aprende Virginia a pasos agigantados. “Maia me dijo el sábado en el tercer tiempo que nos preparó Gijón que aún soy un bebé en el rugby”. La vilagarciana es consciente de ello, pero tiene las ideas claras y quiere hacer carrera. “No se puede vivir del rugby, pero se pueden realizar méritos deportivos y llegar a la selección española”. Es su meta y está dispuesta “a trabajar duro para alcanzarla”.
Virginia, que reconoce que “siempre seré una inglesa” recibió numerosas felicitaciones desde que acabó el partido el sábado. Una de las primeras llamadas fue la del presidente del club vilagarciano Fito Brea. Tras una “celebración muy buena y muy larga” Virginia empieza a asimilar la importancia del título nacional a la vez que sigue contagiado su pasión por el rugby a su familia. “Cuando empecé a jugar mis padres trataban de disuadirme diciéndome que era un deporte de contacto y esas cosas. Ahora que lo conocen de verdad descubrieron que enseña valores, es un deporte señorial, y están enganchados”




















