
En contra de la situación generalizada de escasez de nichos en los cementerios, el de Santa Mariña dispone de 36 panteones libres. Y es que a la parroquia le está costando vender los nichos resultantes de la segunda ampliación, que finalizó en 2010. Aunque la mayoría de las familias que habían comprado al inicio de las obras formalizaron su compromiso, algunas desistieron y no llegaron a ejecutar sus opciones de compra.
Los motivos son varios aunque en algunos casos se nota la dentellada de la crisis que habría obligado a vecinos interesados a desistir de hacerse con un panteón por falta de recursos. Así las cosas, la venta va lenta y aunque el año pasado se colocaron 14 panteones, aún quedan 30 de tres nichos; cuatro de cuatro tumbas; dos de dos nichos; y también un par de sepulturas en tierra, de los 254 panteones construidos inicialmente.
Lo curioso es que se trató de una ampliación muy deseada y, cabe añadir, desesperante pues las obras se demoraron hasta cinco años más de lo previsto. El proyecto fue promovido en 2005 por un consejo parroquial constituido para el caso, que contó con la colaboración del Concello para su tramitación. Sin embargo, las obras fueron paralizadas hasta en tres ocasiones por técnicos de Patrimonio que consideraban que no estaban cumpliendo con la legislación vigente, ya que en está próximo a los restos de Santa Mariña, un bien cultural protegido. De hecho, fue preciso reformular el proyecto, resultando en un camposanto con menor capacidad de la prevista inicialmente. Sin embargo, la demanda era tan elevada por aquel entonces, que los promotores preveían el nacimiento de listas de espera. Finalmente, no ha sucedido así y aunque tumbas siguen siendo necesarias, es cierto que la incineración y la reutilización de nichos es una práctica creciente en todos los sitios.






















