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O Barbanza

Una acalorada discusión y feroz pelea entre dos hermanos por una chica causó el reguero de sangre

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El enigma del amplio reguero de manchas y gotas de sangre que apareció a primera hora de la mañana de ayer por varias calles céntricas de Riveira quedó resuelto en las últimas horas después de que varias personas indicasen que fueron testigos de como dos hermanos, a los que no se atrevieron a identificar, estuvieran discutiendo de forma acalorada y protagonizando una feroz pelea que, al parecer, estuvieron motivadas por una chica. Según pudo saber este periódico, una repartidora de prensa vio a ambos enzarzados en las proximidades de la parada de taxis de la Rúa Rosalía de Castro, donde se localizó la primera gran salpicadura del citado fluido rojo, aunque la hora no está precisa pero, en todo caso, fue después de las 5 de la madrugada.  
La pelea continuó en la acera de enfrente, a los pies de una entidad bancaria, para luego trasladarse a unos metros más abajo, junto una librería que hay al lado de un soportal situado enfrente de la casa consistorial. Allí fueron visto en torno a las siete menos cuarto de la madrugada, al menos, por tres personas. Todas ellas coincidieron en que se trataba de tres muchachos y una joven, dos de los cuales discutían con virulencia y precisaron que iban “moi perxudicados” y “pasadísimos”. Una de ellas ya los pudo escuchar como gritaban minutos antes, cuando esperaba a que la recogiera en el coche una compañera de trabajo en la parte superior de Rosalía de Castro. En un primer momento, por las horas que eran y en que no había casi nadie por la calle, esta mujer sospechó, que se podría tratar de los barrenderos, pero según se fueron acercando, se despejaron sus dudas al ver a los cuatro muchachos que, según dijo tendrían entre 20 y 25 años. Añadió que estaba uno muy encima del otro, pero que no llegó a ver si le golpeaba y para evitar que se volvieran hacia ellas, decidieron marcharse de allí.
Un hombre que circulaba por Mariño de Rivera los vio discutir y se acercó a ellos, tras dar una vuelta por detrás del edificio del Concello. De hecho, se puso a la altura de ellos e hizo sonar la bocina de su vehículo, consiguiendo que, al menos por un momento se separasen y dejasen de discutir. Desconoce lo que sucedió después ya que se marchó del lugar, aunque por el reguero que continúa por las calles Santa Uxía, Pérez Galdós, de Galicia y Linares Rivas hasta el Malecón, donde se pierde el rastro de la sangre. Ni este riveirense ni las dos mujeres antes citadas fueron capaces de entender el contenido de la discusión, pese a que bajaron las ventanillas y no pudieron ver por donde sangraban, pues la visibilidad era escasa pues todavía había amanecido.

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