Educación descarta realizar una actuación global en el colegio Cruceiro, en Vilalonga. Así lo confirmó ayer el delegado territorial, quien sí reconoció que los técnicos inspeccionaron el centro recientemente a petición de la dirección del mismo.
Aunque el informe técnico de la mencionada visita está todavía sin concluir, el delegado provincial de Educación matizó que lo que está previsto es una actuación puntual para resolver el problema de filtraciones detectado.
Cabe recordar que fue el director del centro quien alertó a Educación tras un nuevo desplome del alero. Los técnicos achacan el mal estado a un problema de filtraciones de agua, que prevén resolver en los próximos meses.
Por el momento desde Educación no confirman en qué fecha se hará esta obra, ya que al no estar terminado el informe desconocen el montante presupuestario necesario para acometerla.
Y es que en la Consellería sigue activa la partida para la construcción de un nuevo colegio, poco compatible con arreglos en el actual.
Y esta es también la línea que lleva el profesorado y dirección del colegio Cruceiro, que mantiene un firme posicionamiento a la hora de defender la necesidad de un nuevo centro escolar. El director sostuvo ya en algún Consello Escolar que su argumentación se basa en un avanzado deterioro de la estructura del edificio, que hace insostenible la realización de determinadas actividades y programas.
De hecho, y para reafirmarse en esta postura, la dirección del centro decidió no remitir a la administración local la enumeración de deficiencias y actuaciones necesarias en el viejo colegio. Hacerlo sería asumir que tiene arreglo y el director del centro está convencido de que no es así.Con todo, el profesorado del centro se siente engañado por quienes les dieron plazos para el inicio de unos trabajos que no pueden realizarse porque falta lo más básico, el terreno sobre el que elevarse.
Por ello, han optado por mantenerse a la espera y centrarse en las tareas puramente docentes.
Desratización
El Concello de Sanxenxo ha llevado a cabo una campaña de desratización en el centro escolar y en los alrededores, de forma que en varios meses los roedores no harán acto de presencia en las aulas.
La actuación fue decidida tras las fuertes denuncias de los padres, que incluso llevaron fotorgrafías de ratas muertas al salón de plenos, para denunciar la escasa salubridad de un centro en el que cursan sus estudios alrededor de 300 escolares.




















