
Anova ha remitido a diferentes organismos internacionales, como la Unesco, y nacionales como el Defensor del Pueblo, los problemas de “contaminación periódica” por fecales que padece la fuente de A Burga, al considerar que el Concello y la Xunta actúan “con indeferenza” ante una situación que, considera “podería ter unha solución razoable”.
El Concello de Caldas remitió hace algunas semanas un escrito a la Consellería de Economía e Industria indicando las medidas que tomarán para evitar la afectación del manantial. Sucede que cuando llueve con intensidad, el sistema de alcantarillado desborda e inunda la zona de la fuente y, por tanto, se registraron niveles de contaminación de fectales. De hecho, fue Sanidade quien le instó a buscar soluciones.
pozas
Con todo, para Anova las cosas no se están haciendo bien y considera que ambas administraciones actúan “con indeferenza” y sin tener en cuenta que se trata de un elemento del patrimonio arqueológico. Además, “tenemos motivos y antecedentes abundantes para defender que la pretensión del alcalde” es otra, y señalan directamente a la construcción de las pozas que, recordaron, Sanidade “calificó de agua residual que precisará de un filtrado y tratamiento químico por el que perderá sus propiedades mineromedicinales”.
Y es que a la agrupación tampoco le convencen las medidas que el Concello propuso ante la Xunta, pues asegura que “propone una serie de actuaciones que supondrían la utilización de productos que, en contacto con el agua mineromedicinal a altas temperaturas pueden provocar precisamente la contaminación de la misma”. Asimismo acusan a ambas administraciones de no garantizar una buena información a los usuarios. Explicaron que el cartel que puso el Ayuntamiento indicando que se estaba realizando la limpieza en la Burga “oculta el hecho de que está contaminada con fecales”. Dice que la información era “parcial” pues solo indicaba que el agua de la fuente no era apta para la bebida hasta nuevo aviso.
instancias
Por todas estas razones, desde la coalición consideran que “existe una amenaza grave y real para la calidad del agua termal y para la integridad de un elemento del patrimonio cultural”. Así, han solicitado la intervención de administraciones y organismos internacionales como Unesco, Unicef o los ministerios de Cultura y Sanidad, al Gobierno de Portugal, entre otras entidades e instituciones






















