
La trayectoria de la conservera de Castrelo ha culminado finalmente en un concurso de acreedores a pesar de que había compradores interesados, entre ellos, “Virxe do Rosario”. Se trata de un procedimiento necesario, es decir, impulsado por los propios acreedores y que, a diferencia del voluntario, deja a la administración de la firma al margen de toda decisión, traspasando sus facultades a un administrador, en este caso la abogada Josefa Rúa Gayo. Ha sido el Juzgado de lo Mercantil número 1 de Pontevedra el que declaró la inmersión de la empresa en este nuevo proceso en septiembre de 2012, el cual, seguramente, culmine con la subasta de los bienes pertenecientes a la empresa.
Así lo cree parte de la explantilla de Carsom que todavía no ha cobrado el dinero que, aseguran, le adeudan los anteriores propietarios cuyo total estaría en torno a los 600.000 euros, en concepto de nóminas impagadas, liquidaciones de contratos, intereses.... Sus abogados han presentado la documentación necesaria para que puedan cobrar una parte del Fondo de Garantía Salarial (Fogasa) pero tampoco han recibido prestación alguna de este organismo. De hecho, esperan que la conclusión del concurso de acreedores les permita recuperar su dinero. Cantidades que oscilan entre los 80.000 y los 30.000 euros, en función de la antigüedad de cada trabajador, habiendo algunos con 25 años. Su defensa, también solicitó la tercería de mejor derecho para que, en caso de lograrse beneficios con la venta de los bienes, exista preferencia para sus clientes.
Con todo, están un tanto decepcionados pues la espera se prolonga ya desde mediados de 2011, cuando la fábrica de mariscos y pescados cerró sus puertas. Existía una posibilidad de mantener sus puestos de trabajo a través de la compra por parte de la agrupación de bateeiros “Virxe do Rosario”. Sin embargo, los exempleados y sus responsables no alcanzaron un acuerdo satisfactorio para ambas partes y el colectivo retiró sus intenciones.
Cabe recordar, que Carsom le debía a los bateeiros más de un millón de euros y que incluso forzaron la subasta judicial de la empresa y de un chalé, propiedad de sus dueños. Sin embargo, la puja quedó desierta a pesar de que hubo inversores del mundo de la conserva interesados, que incluso habían visitado las instalaciones con anterioridad.




















