
La televisiva Belén Esteban estuvo hace unos años en A Illa conociendo el trabajo de las mariscadoras y algunas contemplaron con horror como la “princesa del pueblo” se deshacía de su cigarro en la arena antes de entrar en faena. Solo por eso nunca podrá ser una buena mariscadora porque desde el sector del mar empiezan a estar hartos de que las colillas aniden en los arenales isleños. De hecho, el patrón mayor, Juan José Rial, pedía hace unos días al Concello que tome medidas para sensibilizar a la población pues, si bien nadie cuenta el número de pequeños artefactos marrones o blancos que acaban enterrados, sí detectan que la costumbre, lejos de desaparecer conforme evoluciona el ser humano, se mantiene y progresa. Además está el dato objetivo de que cientos de personas pisan arena isleña y a diario cada verano y fumadores “habelos, hainos” y respetuosos pocos, según han podido comprobar. “Deberían promover accións para sensibilizar á xente e poñer os medio para que non se tiren nas praias e non só para os turistas, senón para todos: veciños, xente do mar...”, explicó.
Otros municipios turísticos como Sanxenxo han puesto en marcha iniciativas para tratar de erradicar esta práctica, repartiendo incluso ceniceros playeros y a Rial le parece una buena idea que, en todo caso, debe valorar la administración local, pero “hai que empezar dalgún modo”.
El patrón mayor hizo el planteamiento tras la reunión mantenida con el alcalde, Carlos Iglesias, la concejala de Medio Ambiente, Gabrielle Frein Von Hundelshausen, y responsables de la Xunta sobre el balizamiento del islote de O Areoso, que precisamente se realizará hoy.
El problema de las colillas también afecta a este paradisíaco lugar donde “non hai quen recolla a basura” que dejan los visitantes, lejos de las acciones voluntarias de particulares y entidades. Es uno más de los problemas que sufre el islote, cada vez más degradado debido a la acción humana y a la de la naturaleza. De hecho, según Rial, “case está partido en dos” porque hay una zona que ha perdido arena hasta el punto de que “coas mareas altas o mar cruza dun lado a outro”. El patrón y toda la Cofradía lamentan el deterioro que padece este paraje y por ello son de los que proponen que se limite el número de visitantes a una cifra concreta para, por lo menos, reducir la presión humana. El Concello también busca la adopción de medidas concretas que incrementen su protección más allá del necesario balizamiento para restringir el acceso de barcos, pero para este año no será posible.




















