
La aparición de numerosas pintadas en propiedades y espacios públicos y privados en Riveira está ocasionando gran preocupación, tanto por su contenido, que casi siempre resulta hiriente y trata de desprestigiar a la gente a la que se dirigen, como por coste que suponen y el daño que ocasionan pues a veces resulta imposible eliminarlas. Esta semana se tuvo conocimiento de las terceras pintadas en lo que va de curso académico en los muros del colegio de Aguiño, y sus cercanías, que arremetían contra tres profesores del centro, además de amenazarlos con un ahorcado y un punto de mira. Además, tal en muros del IES Leliadoura y del muelle comercial, las pintadas iban contra una de las jóvenes que el martes protagonizaron un altercado que acabó con una de ellas en el Hospital do Barbanza con un profundo corte en un brazo.
En este último caso, el contenido es muy similar al de otra pintada que apareció estos días en la estrecha Rúa dos Cataláns, que desemboca en un tramo peatonal de la Rúa de Galicia, y cuyo destinatario no es otro que el párroco de Santa Uxía, Cesáreo Canabal, al que le piden “paga la coca y el popper”. Si de este tipo de actos vandálicos no se libra la autoridad eclesiástica, lo mismo sucede con las políticas, como es el caso del alcalde, Manuel Ruiz, que desde hace es objeto de pintadas que le atacan personalmente como por su labor al frente del Concello.






















