
José Manuel Iglesias “Pastor” y Jacobo Mouriño Casal, delegado y aficionado del Mosteiro respectivamente, vivieron el domingo unos minutos angustiosos al lado de Santiago Álvarez, utillero del Beluso, al que consiguieron salvarle la vida tras recibir este una patada de un aficionado y posteriormente sufrir un desvanecimiento con pérdida de consciencia y pulso. Un día después, con Álvarez ya bastante recuperado, volvieron a encontrarse en el mismo escenario, el campo municipal de Mosteiro, a donde el utillero del Beluso se desplazó para darle personalmente las gracias a sus salvadores. “Gracias por salvarme la vida”, les dijo en un emotivo encuentro en el que los tres repasaron todo lo que sucedió en unos pocos minutos que tardarán mucho tiempo en olvidar.
Santiago Álvarez pasó la noche después del partido en observación en el hospital Montecelo pero ayer reconocía encontrarse “bien”, aunque tiene alguna secuela del golpe sufrido en la cabeza (el ojo izquierdo lo tiene vendado). “Un aficionado me dio una patada en un lateral de la cara y los médicos me dijeron que eso fue lo que provocó el desvanecimiento posterior. Me dicen que esté atento a la evolución y que incluso podría perder parte de la vista del ojo izquierdo”, por lo que está seriamente preocupado. Todavía con el susto en el cuerpo quiso reencontrarse con sus salvadores, los cuales reconocen haber pasado “uns momentos que esperamos que non se volvan a repetir”.
José Manuel Iglesias Cores, conocido con el apodo de “Pastor” que le viene de su abuelo, fue el primero en socorrer a Santiago Álvarez. Su decisión fue determinante para evitar una tragedia. “Nese momento o primeiro que pensas é en mirarlle como ten a lingua. Actúas por intuición” aunque también lo hizo en base a los conocimientos adquiridos en los cursos de primeros auxilios que ha tenido que realizar por su profesión de marinero y también porque lleva años metido en el mundo del fútbol y considera que “é importante saber actuar en momentos como este”, de hecho cree que “no propio cursillo de adestradores deberíase esixir tamén un curso de primeiros auxilios, e tamén para delegados”.
masajes cardiacos
Sus conocimientos y su intuición le llevaron a socorrer con acierto al utillero del Beluso, aunque lo peor fue cuando sufrió un segundo desvanecimiento, este ya con pérdida de consciencia y pulso. “Quise andar unos metros y me desplomé”, dice el propio afectado. Esos fueron los momentos más críticos. “Pastor” dice que ahí “non che da tempo a pensar, as mans vanche soas a facer a masaxe cardiaca”. Y ahí resultó clave la aparición del segundo héroe del Mosteiro.
Jacobo Mouriño es un aficionado del equipo meisino de solo 21 años, un dato fundamental porque ello hizo que estuviese en el campo, pero más importante todavía es su interés por las emergencias y su condición de voluntario de Protección Civil de Meis. Se encontraba en la grada y fue testigo de una pelea que califica de “impresionante” y en la que no quiso meterse. Desde su posición lo estaba viento todo y señala que “vin como estaba (por Santiago Álvarez) no chan convulsionando e fun a axudar”. A partir de ahí vivió su primera práctica después de haberse sacado el curso de primeros auxilios el sábado. Al día siguiente le tocó poner en práctica esos conocimientos “pero non con maniquíes”. Jacobo relata lo sucedido con claridad y todavía con nervios después de “non poder dormir en case toda a noite”. “Logo de reaccionar cando Pastor lle puxo a cánula de Guedel, levantouse pero acto seguido caeu ao chan como un saco de patacas. Convulsionou e abrigámolo con dúas mantas e unha cazadora pero tiña os ollos pechados e estaba realmente mal” y ahí se temió lo peor: “De repente foise, quedou sin pulso. Foron 20 ou 25 segundos eternos nos que estaba morto”, el tiempo que él y Pastor estuvieron tratando de reanimarle con masajes cardiacos –”fíxenlle vinte presións”– que fueron la salvación de Santiago. “Reaccionou tosendo e puxémolo de lado” y mientras no llegó la ambulancia “tratei de mantelo consciente falándolle continuamente. Tiña signos vitais pero estaba mal” y se sorprende de que “a ambulancia tardase tanto tempo en chegar”, aunque la recuperación ya era evidente “e un gran alivio para todos”, añade Pastor.
Todos lo pasaron realmente mal, pero a Jacobo esta experiencia le ha valido para aumentar su interés “en adicarme a esto das emerxencias”, por ello se ha apuntado a voluntario de Protección Civil, aunque lleva poco tiempo.
Lo que le sorprendió negativamente fue la reacción de la mayoría de los presentes porque “a pesares da gravidade do que estaba pasando casi todo o mundo estaba máis pendente da tangana”, suerte que él y Pastor entendieron cual era la prioridad.




















