
Nerviosos, expectantes y cargados de ilusión. Así llegaban ayer a A Lanzada los primeros 200 niños que participarán en los campamentos de verano que la Diputación organiza en sus instalaciones en O Grove, por las que pasarán hasta septiembre, y en 11 turnos, un total de 2.200 escolares.
Tras las comprobaciones iniciales, los niños enseguida convirtieron las tiendas en sus nuevos hogares y comenzaron a estrechar lazos de amistad con sus compañeros.
Alrededor de las 11 de la mañana las colas de llegada se disipaban y por megafonía advertían que comenzaba el acto inaugural. Veinte minutos después el presidente de la Diputación todavía no había llegado y la animación se encargaba de ofrecer a los niños un adelanto de lo que serán los próximos seis días para ellos, cargados de diversión; y de hacer olvidar a los padres que en cuestión de minutos dejarían a sus hijos en aquellas instalaciones con la única posibilidad de saber de ellos a través de una llamada telefónica que podrán hacer el jueves, entre las 20 y la 21 horas. Y lo consiguieron.
Un pequeño espectáculo de tinte medioambiental introdujo a los niños en una semana diferente, en la que un gran cartel en las instalaciones anunciaba la apretada agenda para cada uno de los días de la semana. No habrá tiempo para aburrirse. Todo lo contrario.
Y tan entusiasmados estaban que apenas fueron conscientes de que sus padres les dejaban para que viviesen, en la mayoría de los casos, su primera aventura veraniega.




















