
La mayoría de los boirenses están aguardando como agua de mayo que lleguen las fiestas de verano, para las que faltan escasos días. Sin embargo, hay un colectivo profesional que lejos de pensar en todo lo contrario, tampoco las reciben con agrado por los perjuicios que les ocasionan algunos aspectos en la forma en que están configurados. Se trata de los propietarios de negocios ubicados en el tramo de la Avenida da Constitución comprendido entre las calles Norberto Pijuán y Manuel María. En los últimos años ya hicieron público de manera individual durante el desarrollo de esas celebraciones su malestar, entre otras cosas, por la ubicación de los puestos ambulantes, que califican de “incorrecta e indiscriminada”.
En 2015 hicieron lo propio pero de forma colectiva, algo que repiten este año, pero su campaña arranca antes de que empiecen a instalarse las caravanas, casetas, puestos, barracas y atracciones. De esa manera, pretenden que se adopten medidas para evitar que “nos taponen a visibilidade e a entrada aos nosos establecementos”. En este sentido, aseguran que les causan un “grave trastorno e discriminación negativa” en su actividad comercial y en cuanto a seguridad pública. Agregan que la situación se agrava con la pérdida económica que supone tener tapado el acceso a sus negocios en plena primera quincena de julio, “xa que son moitos os veciños que non mercan no centro do concello debido aos impedimentos de acceso e aparcamento”.
Los afectados, que superan la docena, sostienen que ese taponamiento del que son objeto sus comercios no se hace por una causa de fuerza mayor “senón pola decisión do Concello na ubicación e distribución masiva dos postos”. Es por ello, que entienden que, dados los perjuicios que les ocasiona deben indemnizarlos por la responsabilidad civil directa del Ejecutivo local. También califican de “irregular la ocupación con puestos ambulantes de la plaza de aparcamiento para discapacitados, “un hecho que “supón una grave lesión a los derechos de accesibilidad para las personas de movilidad reducida”, señalan. Los comerciantes indican que, de esa manera, se limita el acceso a sus negocios pero también a las viviendas de unos edificios tan antiguos que carecen de garage.
Del igual manera, señalan que la ocupación masiva de esos puestos de feria causa un problema de abastecimiento de mercancía, “porque xa son moitos os transportistas que non realizan o seu servizo regular polas multas disuasorias recibidas en anteriores edicións das festas e pola dificultade de descarregar nas zonas habilitadas e o atracos dos cortes nas rúas do centro”, dicen. Otro asunto que consideran muy grave se refiere a los puestos mixtos de las ferias en caravanas convertibles en viviendas “que desaugan os vertidos propios dunha casa -lavadora, ducha, váter, ...- en zonas non habilitadas tales como os sumidoiros de pluviais”. Agregaron que ese tipo de situaciones provocan estancamiento de las aguas residuales que, con las temperaturas propias de la época estival, son caldo de cultivo de insalubridad, ya que están al lado de los comercios y de las aceras, “onde non están garantizadas as condicións sanitarias públicas e fan impropia a labor de venda de calquera produto alimenticio”, subrayan.
Otras situaciones que aseguran que se producirán si no se pone remedio pasan por los malos olores que llegan a los negocios procedentes de los puestos de comida rápida y que hacen que huela a “facotexo”. Y dicen que la falta de visibilidad exterior de los comercios incita a los robos, como ya tiene pasado.








