
El Ribadumia sigue líder. La culpa la tiene el joven Pablo Portas, que ayer fue el gran protagonista del partido al marcar los dos goles del Ribadumia, el primero un auténtico golazo. Pablo realizó la función que se espera de Changui, pero es que el delantero boirense, que antes las metía de todos los colores, ahora mismo parece estar gafado. Es una de esas malas rachas de delantero que se acaban en cuanto marque un gol, pero es que ayer volvió a tener un par de ocasiones claras y tampoco entraron.
El Ribadumia dominó el juego y el partido, mientras el Lalín apostaba por el fútbol directo y el contragolpe. A la media hora de juego Pablo Portas se sacó de la manga un auténtico jugadón. Recibió en banda izquierda, se fue de dos rivales acercándose al área y casi sobre la línea envió un disparo muy bien colocado con la derecha a la escuadra contraria haciendo imposible la estirada del portero lalinense. Un golazo para abrir el marcador.
Pero es que solo dos minutos más tarde la felicidad por este tanto se convirtió en rabia e indignación con el colegiado, que señaló un penalti que nadie vio en A Senra y que Marc, un auténtico especialista, se encargó de convertir en el 1-1 ante las airadas protestas de la hinchada local. Cierto que luego, ya en la segunda mitad, fueron los visitantes los que protestaron una polémica decisión del árbitro, que les anuló un gol por fuera de juego.
Y con este resultado de empate se llegó al intermedio del partido, con la sensación de injusticia. Pero ahí estaba Pablo para arreglar las cosas. En el minuto 54 volvió a partir de banda, cedió a Fran Castaño y este le devolvió una precisa pared para dejar al propio Pablo solo delante de Michi, portero visitante, al que batió con elegancia.
Pudo sentenciar el Ribadumia, pero no lo hizo y lo apretado del marcador motivó que se mantuviese la emoción hasta el pitido final, aunque lo cierto es que el Lalín tampoco puso en serios aprietos a Pajarillo y el 2-1 se mantuvo inalterable, como el liderato del Ribadumia.




















