Desalojan a una pareja con dos hijas de un piso de Ribeira y lo hallan repleto de bolsas de basura

Una comitiva judicial procedió ayer por la mañana al alzamiento de un piso Rúa Cervantes. La desagradable sorpresa que se llevó su propietario, José Fernández Santamaría, fue que nada más abrir la puerta se encontró todo el inmueble repleto de bolsas de basura por los suelos, lo que supone un evidente síntoma de que los inquilinos sufren el Síndrome de Diógenes. Si este ribeirense de 83 años ya cayó en una profunda depresión por el desgaste que supuso la demora en la resolución del procedimiento tras la presentación de la demanda de desahucio en julio del año pasado, ayer se le vino el mundo encima ante el panorama que tenía delante, con el lamentable y ruinoso estado en la que fue su primera vivienda y que tras mudarse puso en alquiler.
Los inquilinos que ayer fueron desahuciados, aunque ya no estaban en el piso desde hace semanas, fueron una pareja con dos hijas de 9 y 11 años, que empezaron a vivir allí hace tres años, y que después de pagar la primera cuota comenzaron a tener problemas para las siguientes hasta que dejaron de abonar lo que les correspondía. Esa fue la gota que colmó la paciencia del dueño del piso y decidió presentar en los juzgados de Ribeira una demanda de desalojo, pero el calvario no había hecho más que empezar para él, sufriendo un desamparo total.
Sus familiares indicaron que pese a que en el preámbulo de la Ley de Enjuiciamiento Criminal se recoge el juicio por desahucio express, en su caso eso sólo han sido “bonitas palabras”, pero los hechos reflejan un gran retraso, que varios abogados consultados le atribuyen a los defectos de un sistema garantista, que se olvida de las verdaderas víctimas y protege a los infractores o delincuentes. Como el tiempo pasaba y los vecinos ya se quejaban del olor nauseabundo que se percibía al bajar las escaleras y pasar por delante de ese piso, pusieron el asunto en manos del Concello de Ribeira por una cuestión de salubridad e higiene, pero no se procedió a hacer nada más que remitir un escrito al juzgado que tramitaba el desahucio, algo que no tenía demasiado sentido, pues se trataba de dos situaciones distintas, por lo que todo quedó en nada. l






















