
Cuando Vilagarcía quedó asolada por las riadas de 2006 muchos se llevaron las manos a la cabeza al saber que esta ciudad, urbanizada sobre agua, carecía de un Plan de Emergencias con un protocolo de actuación en caso de inundaciones.
Nueve años después, la situación sigue siendo la misma. El Plan de Emergencias en vigor fue aprobado en el año 1991, cuando José Luis Rivera Mallo ostentaba la Alcaldía.
Mucho ha llovido desde entonces. Y no solo metafóricamente. Para empezar la ciudad ganó unos siete mil habitantes. Para seguir, varios edificios públicos, incluyendo el Concello, han experimentado cambios y ampliaciones. Además, las normativas en materia de seguridad han cambiado notablemente, incrementándose los requisitos.
Lo que permanece igual a lo largo de estos años es la red de alcantarillado municipal, completamente obsoleta, y la proliferación de riadas durante el invierno.
En los últimos días se volvieron a registrar importantes lluvias en el municipio que sin ser, ni de lejos, tan intensas como las que causaron el colapso de 2006, sirvieron para causar importantes incidencias a lo largo y ancho del municipio y para aislar el centro urbano durante casi una hora.
De hecho, el Platerga de la Xunta incluyó en 2006 a Vilagarcía como municipio con “un alto riesgo” de inundaciones y ya entonces se destacaba la ausencia de un protocolo adecuado para este tipo de emergencias.
Desde entonces, el Plan de Emerxencias fue uno de los talones de aquiles de los últimos gobiernos que han pasado por Ravella.
El bipartito de izquierdas que gobernó Vilagarcía entre 2007 y 2011 encargó su redacción al anterior jefe de Emerxencias, Mario Vázquez, sin que el trabajo diera resultados.
Entonces, el Partido Popular de Tomás Fole puso el grito en el cielo y el asunto fue motivo de sucesivas preguntas durante buena parte de los plenos de mandato.
El conservador llegó a la Alcaldía en 2011, pero tampoco puso en marcha un nuevo Plan de Emerxencias. Si hubo, o al menos así lo aseguró entonces el edil de Seguridad Ciudadana, Cholo Dorgambide, diversos trabajos relacionados con la revisión del documento, como simulacros en centros educativos en los que se detectaron diversas deficiencias. Sin embargo, estas tareas no llegaron a plasmarse en un nuevo Plan de Emerxencias. A finales de mandato, Dorgambide aseguraba que el documento no se podía revisar debido a la falta de presupuesto y aplazaba el objetivo a la siguiente legislatura. La pelota vuelve a estar en tejado socialista.






















