Quienes fueron a la playa en el mes de mayo y se dieron un chapuzón se darían cuenta de que el agua estaba, como suele decirse, “buenísima”. Y no es para menos, pues alcanzó temperaturas que rozaron los 23 grados en Vilagarcía, todo un récord. El problema es que este calentamiento afecta de forma negativa al marisqueo y la acuicultura.
