Puede ser la casualidad o una señal del universo que el ‘partido del Orgullo’ del Mundial de fútbol le toque jugarlo a dos países que condenan la homosexualidad. Irán y Egipto ya se están rasgando las vestiduras ante semejante despropósito y la FIFA debe decidir entre agachar la cabeza o enseñarles la puerta de salida. Se abren las apuestas.
