Sabio es el dicho ese de que “Gato escaldado, del agua fría huye”. Al menos es algo que tienen muy presente en Vilagarcía en donde, cada vez que llueve, a muchos se les vienen a la cabeza las imágenes de aquel invierno de 2006. Y es que el haber comido terreno al mar le pasará siempre factura a una ciudad que vive pendiente de la lluvia. Y de la marea.
