Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?
O Salnés

Nacho Crespo, padre de acogida: “Salvar a estos niños y niñas pasa porque vivan en entornos familiares y con cariño”

La comarca de O Salnés únicamente suma siete familias acogedoras a través del programa que coordina la Xunta y está gestionado a través de Cruz Vermella

Nacho Crespo, cambadés que es padre de acogida
Nacho Crespo, cambadés que es padre de acogida
Gonzalo Salgado
0620_wayalia_redideal_251121_carlos
0620_bonilla_redideal_251121_veronica
0620_liceo_redideal_251121_tamara

"A marabillosa loucura de pensar co corazón”. Esta es la consigna con la que nace el Programa de Familias Acolledoras de la Xunta de Galicia y que gestiona Cruz Vermella. Actualmente, la comarca de O Salnés únicamente suma siete familias adheridas a este proyecto que tiene, como objetivo, ofrecer a los menores un entorno seguro en el que crecer y hogares estables para encontrar los mejores modelos con los que convertirse en adultos, tras haber vivido una situación compleja en su entorno.

El proceso para ser familia acogedora, cuenta Mónica Castelao, coordinadora de Cruz Vermella del Programa de Familias Acolledoras en Galicia, son únicamente cuatro pasos. “Lo primero es informarse”, señala Castelao, e indica que desde su entidad se organizan sesiones informativas todos los meses en las cuatro provincias sobre este tema. El segundo paso, explica, lo dan aquellas personas que quieren seguir adelante “en esta aventura” y se trata de una formación más en detalle.

El tercer punto lo tienen que dar las personas interesadas y se trata de la entrega de la solicitud y de toda la documentación requerida por la Xunta. El cuarto, y último, es una valoración en profundidad que realizan tanto técnicos de la Cruz Vermella como de la Xunta de Galicia y consiste en varias entrevistas y visitas al domicilio para conocer el entorno familiar. “Lo que se busca es averiguar cuáles son los horarios en cada hogar, las rutinas, saber cómo podrían compaginar la llegada de un niño o niña con su puesto de trabajo, qué es lo que opinan los hijos o hijas si los tienen, si tendrían una habitación para ellos o tendrían que compartir, si tienen un colegio cerca, si viven en un entorno rural o en el centro de una localidad...”, indica Castelao. 

Con toda esta información, cuenta, se realiza un informe con un valoración que muestra la idoneidad de ese núcleo para acoger a un menor. “A partir de ese momento, esa familia queda a la espera de ser la opción ideal para uno de esos niños o niñas que lo necesitan”, explica la coordinadora del programa de Cruz Vermella.

Tipos de acogida

Dentro del proyecto de acogimiento se diferencias tres opciones distintas. La primera de ellas, es la acogida de urgencia y sucede, explica Castelao, “cuando el niño o niña corre un riesgo y necesita una casa ese mismo día”. La duración de este proceso suele ser de seis meses, ya que es el tiempo estipulado para conocer todos los pormenores de la situación y saber si el menor debe volver con su familia biológica, integrarlo en un programa de adopción o continuar con la acogida.

El siguiente es el acogimiento temporal que, normalmente, es hasta un máximo de dos años y prorrogable uno más. “Es el periodo que se estipula para que los adultos de una familia puedan recuperar su estabilidad, curarse de una adición si la tienen, mejorar una situación de salud mentar...”, cuenta Castelao. Pasado este tiempo, si los padres u otros familiares no se han recuperado, han desaparecido o su situación ha empeorado el proceso se puede convertir en un acogimiento permanente hasta la mayoría de edad

“Tenemos que tener claro que tanto el temporal como el permanente son reversibles, cada caso es diferente”, cuentan desde Cruz Vermella y, resaltan que, únicamente lo que se busca es ofrecer al menos “la medida más estable dentro de las circunstancias que rodean al niño o niña. De no existir estas familias tendrían que ir a un centro residencial”.

Nacho y María

La historia entre Nacho Crespo y María, por ejemplo, empezó como un acogimiento temporal cuando la menor tenía cuatro años y medio y, actualmente, se ha convertido en uno permanente. “Estamos en un nivel en el que seguimos contando con controles por parte del programa y visitas con cierta frecuencia, pero tengo realmente la sensación de que María estará conmigo hasta los 18 años”, señala este cambadés.

Y continúa: “La única diferencia que tengo actualmente a adoptarla serían cuestiones legales como por ejemplo, una vez que se tuvo que operar de apendicitis y tuvo que autorizarla la Xunta o la renovación del pasaporte de manera anual, ya que es extranjera”. Pero dentro de todo ese “maremágnum de cosas”, como indica Crespo, las complicaciones en su día a día son “menores”.

La historia de este tándem que Nacho ve indestructible, comenzó tras una de esas charlas de Cruz Vermella. “En realidad el deseo siempre está ahí, pero es algo que tienes guardado en un cajón hasta que se dan las circunstancias para poder llevar adelante el proceso”, relata.

Define la decisión como “palabras mayores” y entiende que no sean muchas las personas que se involucran en “todo este lío”, aunque lo recomienda. “Si una persona lee mi historia y tiene unas circunstancias apropiadas para acoger a un niño o niña, yo lo animaría”, dice. Y explica el porqué: “Salvar a estos niños y niñas pasa porque vivan en entornos familiares y con cariño. Si no hubiera familias de acogida estos menores tendrían que ir a centros y su vida sería muy diferente, ya que no dejan de ser instituciones, con todo lo que eso implica”. Y es que, aunque señala que su visión de los centros residenciales es mucho mejor desde que los conoció en profundidad a raíz de convertirse en familia acogedora, piensa que “no debe ser el hogar de ningún niño o niña”.

“Si no hubiera personas dispuestas a esto, los menores tendrían que ir a centros y ese no es un hogar para ninguno de ellos”

Desde esa charla y hasta que María se instaló en la habitación preparada para ella en un piso de Cambados solo pasaron seis meses. “En un principio pensé que iba a ser mucho más complicado a nivel gestión y no lo fue tanto. En mi caso mucho mejor porque empecé esto con 51 años y si se alargase tres o cuatro años, igual llega un momento que hasta te da algo de pereza”, relata.

Y aunque en un principio creyó que la edad podría ser un handicap, finalmente no fue así, sino todo lo contrario. “Cada edad tiene su parte positiva y su parte negativa. Igual ahora no tengo la energía suficiente para jugar con María durante tres horas al escondite pero sí tengo la inteligencia y las vivencias que me hacen ser más fuerte para vivir cosas que realmente son complejas”, narra Crespo.

Siempre hay miedo

Crespo recuerda que una de las primeras reuniones a las que asistió para conocer más en detalle el programa y unirse a él fue muy dura. “Nos dicen toda la verdad. Te dicen que nunca vas a ser el padre de ese niño, que nunca podrás adoptarlo, que se puede ir en cualquier momento. La presentación no parece que sea la que te anime a dar el paso, pero después lo digieres y ves que sí.”, indica.

Y aunque admite que “siempre hay miedo” y sabe que al fin y al cabo la relación que tiene con la que considera su hija -”y es que es mi hija”, dice- depende de instituciones y acuerdos, cuando va pasando el tiempo ese temor se diluye “pero no desaparece”. Lo que le consuela, cuenta, es que María va cumpliendo años, cada vez es mayor y su voz -en caso de ser necesario- “será más escuchada”.

Admite que María es complemente consciente de su situación. “Llegó con cuatro años y medio pero la dinámica que tuvo con visitas a su madre -encuentros que dejaron de sucederse por decisión de la menor- la hicieron entender que no vive en una realidad normal al uso. Desde un principio tratamos todo con normalidad, no tuvimos que pararnos a explicar las cosas porque todo fue parte de la conversación diaria”, cuenta.

En su caso, -todos son completamente diferentes porque cada menor tiene unas circunstancias únicas-, lo más complejo después de la llegada de María a su hogar fue “la intentona de la embajada de su país por llevársela fuera de España”. Estos momentos, recuerda, fueron muy complicados de gestionar. “Aunque desde el primer día estamos avisados de que se puede ir en cualquier momento, cuando ves que la posibilidad es real es difícil”, relata.

Las complicaciones, que en su caso ya ve muy lejanas aunque admite que tiene algo escondido que no le deja hacer planes a muy largo plazo, no empañan la alegría y la satisfacción de tener a María con él y haber formado su propia familia. “Lo más bonito de esto es que además de tener la satisfacción de ser padre, sabes también que si no hubiera personas como tú estos niños no crecerían en un hogar”, cuenta.

En este punto coincide la coordinadora del programa, Mónica Castelao, quién piensa que cualquier núcleo estable, en el que se cuiden y se protejan, es el perfecto para ayudar a estos menores. “Criar a un niño no es lo más sencillo del mundo, pero es la forma que tenemos los humanos de desarrollarnos. Tenemos que pensar que nuestra sociedad sería mejor si todos los niños, niñas y personas recibimos los cuidados adecuados”, indica. Y continua: “Todo lo que se le haga a un niño lo acompañará en su etapa como adulto. Debemos dar modelos de casas en las que se pueda hablar de todo, celebrar cosas, discutir sin agresividad...”.

De esta manera anima a aquellas personas que tengan curiosidad por el programa a visitar la página web www..acollementofamiliar.gal y conocer más detalles sobre él.

0620_alba_cocinas_redideal_251121_cristina
0620_arte_floral_calo_251121_carlos
0620_dans_relojeros_redideal_260109_cristina
0620_pazo_santa_cruz_redideal_251121_cristina
0620_puertas_delfin_redideal_251212_cristina