Carmen Asorey: “Exposiciones como esta contribuyen a que mi abuelo no caiga en el olvido”
La Cidade da Cultura acoge la exposición, ‘Francisco Asorey, una recuperación necesaria’ comisariada por Miguel Fernández-Cid y con la colaboración de la nieta del artista, Carmen Asorey

La Cidade da Cultura acoge la exposición, ‘Francisco Asorey, una recuperación necesaria’ comisariada por Miguel Fernández-Cid y con la colaboración de la nieta del artista, Carmen Asorey, la que se considera como la más completa realizada hasta el momento sobre el escultor cambadés, en la que se reúnen más de un centenar de piezas procedentes de instituciones de toda España (entre ellas, el Museo Reina Sofía, el Museo de Arte Sacro de Bilbao, el Museo de Belas Artes da Coruña, el Museo do Pobo Galego, el Museo Provincial de Lugo, el Museo de Pontevedra o el Museo Valle-Inclán).
El recorrido expositivo permite acercarse a todas las facetas del creador: el Asorey religioso, el monumental, el galleguista y el universal. La muestra no solo revisa el pasado, sino que ofrece una lectura contemporánea de su obra “prolífica y magnífica”, conectando la trayectoria del escultor con el arte gallego del presente y del futuro: “O que pretende esta exposición é mirar a Asorey cos ollos de hoxe para entender o seu legado. Todos eses anos, esa longa vida na que traballou e se identificou coa historia da arte galega e tamén co noso país. Foi moito máis que un escultor brillante. Máis ben foi un creador total”, destacó el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, durante la inauguración de la muestra, a finales de octubre.
Dos meses después, cientos de personas siguen descubriendo a un artista que, según su nieta y parte activa y decisiva en la muestra, Carmen Asorey, “no puede caer en el olvido” por la magnitud de su obra. En el Gaiás se puede ver la mayoría de sus creaciones, aunque algunas de ellas no porque “ya se movieron hace poco y no podemos volver a hacerlo porque la madera sufre y los organismos o particulares que las tienen no las dejan para preservarlas”. Aún así “tenemos lo más representativo”, sostiene.
Carmen Asorey anima a visitar la exposición porque allí se va a encontrar una evolución del escultor a través de bloques temáticos que harán más fácil y comprensible su evolución como artista y como persona.
De este modo, el recorrido expositivo se organiza en diferentes etapas que permiten comprender mejor las preocupaciones, intereses estéticos, evolución estilística y proceso creativo de Asorey. Cada espacio actúa como una llamada de atención en su trayectoria: los monumentos civiles, la escultura religiosa, los retratos y el uso del color en la piedra, el desarrollo de una nueva forma de policromía, la obra en madera y la representación de la identidad gallega a través de la figura femenina.
Entre las piezas destacadas figuran algunos de sus primeros trabajos más notables, como Lo Jondo (1914) y Cabaleiros negros (1915); la escultura de San Francisco, que le valió la primera medalla en la Exposición Nacional de 1926; y esculturas femeninas como Naiciña (1921), Ofrenda a San Ramón (1923) y O Tesouro (1924), en las que sintetiza los valores de la cultura popular gallega y reivindica la resistencia del mundo rural.
También destaca el espectacular Cristo de Moià (1952), una obra de madurez que parte de los valores románicos para ofrecer una crucifixión inquietante y reflexiva sobre el sufrimiento y la inmortalidad.
Carmen Asorey no llegó a conocer a su abuelo en vida, pero sí se interesó por su trayectoria para descubrir que tenía una estrecha relación “con las Irmandades da Fala” y que fue “muy amigo de Castelao y Ramón Cabanillas” y pese a tener la misma meta, relata la nieta, “que era poner a Galicia en el lugar que le correspondía y con carácter propio”.
Sin embargo, “él (en referencia a Francisco Asorey) no lo hizo a través de la política, sino con la representación de la mujer del campo en Galicia, sobre todo con la ‘Santa’, en la que se observa una figura femenina “con un cuerpo que se ve que está acostumbrado a trabajar, que ha sido madre y que lleva el yugo, que es el peso de la carga familiar y aún así mira orgullosa hacia adelante”.
Francisco Asorey nació en Cambados, donde vivió hasta los catorce años, edad en la que se fue a Barcelona y Barakaldo para formarse y después, “por circunstancias de la vida volvió para instalarse en Santiago” y en este punto recuerda, por lo que le dijeron sus padres y sus tíos, que “lamentó siempre la pobreza que se veía en el mar de Galicia comparado con lo que había vivido en Barcelona con un comercio pujante o en Barakaldo con los altos hornos”.
Desde el lado más personal, Carmen Asorey cuenta que de su abuelo “únicamente me llegaban anécdotas porque en casa, que había muchas otras preocupaciones, no me estaban contando todos los días que en la familia teníamos un escultor”. Sí lo sabía, pero lo descubrió a medida que fue creciendo. “Primero me fijaba en las obras que no necesitaban mucha interpretación y que entraban por los ojos y más tarde, a través del estudio y de programas iconográficos, me llamaron la atención monumentos como San Francisco porque muestran todo el conocimiento y el trabajo que hay detrás de cada obra”.
Carmen Asorey se adelanta a la cuestión típica todavía no formulada. “Todo el mundo me pregunta si estoy orgullosa de ser la nieta de Francisco Asorey y yo respondo siempre que ser nieta de alguien no tiene ningún mérito de por sí y, de hecho, estoy orgullosa de mis cuatro abuelos y lo que sí hago al respecto es tratar de participar en todas estas exposiciones y charlas para que Asorey no caiga en el olvido y la gente se enganche a su arte y al de otras personas como él”.
Sobre este apartado destaca la labor que se hace en Cambados. “siempre está ahí”, dice, y remarca que “da igual quien tenga la responsabilidad política en el momento”, dándose la circunstancia, además, que la capital del albariño “tiene la suerte de tener varios artistas nacidos allí y lo más importante es que se acuerda de todos”.
La educación es un aspecto fundamental para que el legado de artistas como Asorey perduren en la memoria colectiva y en este punto Carmen alaba la iniciativa que tienen en los colegios “donde hacen dibujos de las obras y desarrollan programas didácticos muy bonitos e interesantes”.










