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O Barbanza

Apatrigal advierte de que el patrimonio material de O Barbanza no se encuentra bien conservado, pese a no estar destruido

El presidente de la Asociación para a Defensa do Patrimonio Cultural Galego, Carlos Fernández Coto, subraya que sólo se mantiene lo más visible y emblemático y lo que tiene uso y reconocimiento

El inmueble de la antigua fábrica ‘Conservas Cerqueira SA’ se ubica en el histórico barrio ribeirense de Bandourrío
Apatrigal confía en las oportunidades que surgen con la nave de Cerquera SA y que su rehabilitación compatibilice memoria industrial y nuevos usos culturales y sociales
Chechu Río
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La Asociación para a Defensa do Patrimonio Cultural Galego (Apatrigal) considera que el patrimonio material de O Barbanza no está destruido, en términos generales, pero advierte que tampoco puede considerarse que está bien conservado. En este sentido, afirma que se mantiene lo más visible, lo más emblemático y lo que tiene uso o reconocimiento. Pero, en cambio, denuncia que se degrada todo aquello que carece de función, relato o atención continuada. Y en ese proceso, sostiene que lo que están en juego no son sólo edificios o yacimientos aislados, sino algo más profundo: “la pérdida progresiva de un paisaje cultural construido durante milenios”, y que es ahí donde se sitúa el verdadero desafío.

Su presidente, Carlos Henrique Fernández Coto, manifiesta que “estamos ante uno de los territorios más densos en bienes culturales del litoral gallego, con más de 300 elementos catalogados, y al mismo tiempo es uno de los más tensionados por el abandono, la presión urbanística y la ausencia de un relato común que los articule”. Así, indica que en apenas 244 kilómetros cuadrados se concentra una densidad patrimonial poco habitual: castros, mámoas, petroglifos, pazos, arquitectura marinera, patrimonio industrial y un vasto legado histórico acumulado a lo largo de milenios. “No es una acumulación casual, sino el resultado de una ocupación continua desde la Prehistoria, de una relación intensa con el mar y de una estructura social que, durante siglos, generó arquitectura, paisaje y memoria”, asegura este arquitecto.

En términos generales, Apatrigal indica que el estado de conservación de los grandes elementos prehistóricos de O Barbanza puede considerarse aceptable. “No estamos ante un patrimonio arrasado, pero sí expuesto a agresiones recurrentes que, aunque puntuales, resultan profundamente dañinas: pintadas, incisiones sobre la piedra, expolio menor o, en los casos más graves, la intervención de maquinaria forestal que desplaza o destruye estructuras milenarias”, precisa Fernández.

El arquitecto Carlos Fernández Coro pone el complejo arqueológico de los castros de Neixón de lo que funciona, con décadas de investigación y un centro de interpretación activode Neixó.
El arquitecto Carlos Fernández Coro pone el complejo arqueológico de los castros de Neixón de lo que funciona, con décadas de investigación y un centro de interpretación activode Neixó.
EC

Este arquitecto señala que, más allá de eso, hay un problema más profundo y estructural: la falta de interpretación, pues sostiene que muchos de estos lugares carecen de señalización adecuada, mantenimiento continuado y mediación cultural eficaz. “El visitante llega, observa… y no comprende. Ve piedras, pero no entiende el paisaje ni la lógica que las generó. Ahí hay un fallo de base: sin comprensión, no hay protección duradera. Sería necesario reforzar el vínculo entre este patrimonio y el sistema educativo, en un proceso de aprendizaje continuo que conecte al alumnado con el origen del territorio que habitan”, dice.

Conjuntos arqueológicos

Apatrigal sostiene que el conjunto arqueológico de Neixón es, probablemente, el mejor ejemplo de lo que funciona y subraya que “con décadas de investigación y un centro de interpretación activo, se sitúa entre los referentes del noroeste peninsular en divulgación de la cultura castreña”. Del dolmen de Axeitos señala que representa otro caso singular: “una pieza megalítica de enorme valor, bien conservada, pese a la escasa protección física directa. Su integridad se ha mantenido más por respeto social que por medidas efectivas, lo cual no deja de ser significativo”. A juicio de Carlos Fernández, caso distinto es el de los petroglifos, como el de Pedra das Cabras, “cuyo valor simbólico es indiscutible, pero su conservación es más frágil”.

En cuanto a los castros, considera que “conviene introducir una reflexión incómoda pero necesaria: no siempre excavar es la mejor opción”. En este sentido, advierte que la apertura de un yacimiento sin un plan de mantenimiento, vigilancia y divulgación posterior puede acelerar su deterioro y que, en algunos casos, la conservación bajo tierra ofrece más garantías que una exposición desprotegida. “El Castro da Cidá ilustra bien esta situación: visitable, sí, pero sin las condiciones de mantenimiento que permitirían una experiencia adecuada y respetuosa. Conviene no olvidar que los castros son el primer urbanismo del país. No son solo restos arqueológicos: son la base material de una forma de organización del territorio. Y como tal, su conocimiento debería ocupar un lugar central en la formación de las nuevas generaciones”, dice el presidente de Apatrigal.

La Asociación en Defensa do Patrimonio Galego indica que el problema del centro histótrico de Rianxo radica en que funciona con una planificación urbanística de 1985
La Asociación en Defensa do Patrimonio Galego indica que el problema del centro histótrico de Rianxo radica en que funciona con una planificación urbanística de 1985

En cuanto a la arquitectura medieval, renacentista y barroca señala que una parte importante de este patrimonio está en manos privadas: Iglesia, particulares o entidades diversas, y su conservación ya no depende únicamente de la voluntad pública, “sino de una combinación, a veces conflictiva, entre propiedad, uso y obligación legal”, afirma Coto. Dice que en el caso de las iglesias y capillas, el balance es “razonablemente positivo”, pues el uso continuado, las donaciones y, en ocasiones, las intervenciones públicas han permitido su mantenimiento en condiciones aceptables. Sin embargo, a su juicio, las casas rectorales dibujan el reverso de esta realidad. “Al perder su función, entraron en una dinámica de abandono casi sistemático. Muchas se encuentran en estado ruwinoso, sin perspectiva clara de recuperación”, subraya.

Patrimonio civil

Apatrigal se refiere al patrimonio civil indicando que presenta aún más problemas, pues detalla que pazos y casas grandes, en muchos casos, no sólo están deteriorados, sino que “incumplen las obligaciones legales de apertura al público cuando cuentan con protección patrimonial”. En este contexto, señala que los bienes vinculados a figuras literarias son un capítulo especialmente sensible. Refiere que “en Rianxo y A Pobra hay ejemplos bien tratados, como la casa de Manuel Antonio o el Museo Valle-Inclán. Pero, conviven situaciones difíciles de justificar, pues el Pazo da Mercé sufrió un deterioro progresivo, y la casa de Castelao -declarada BIC- sigue en manos privadas, sin mantenimiento adecuado, ni acceso público efectivo. 

Pese a ello, sostiene que no todo son malas noticias, pues el Pazo de Goiáns, tras años en la ‘Hispania Nostra’, inició una recuperación “que demuestra que la intervención pública puede revertir procesos de ruina avanzada”. Lo mismo dice del Pazo de Viturro, que muestra cómo la reutilización puede devolver sentido a estos espacios. “Pero, conviene no perder de vista una realidad estructural: mantener un pazo hoy es extraordinariamente costoso”, afirma Coto, quien agrega que algunos dueños recurren a usos alternativos, eventos y actividades culturales, como vía para garantizar su conservación. “No es la solución perfecta, pero en muchos casos es la única viable”, apostillan desde Apatrigal.

En relación al patrimonio industrial, Apatrigal lo considera el “gran punto ciego” y que es un ámbito especialmente vulnerable en una comarca “cuya identidad contemporánea está profundamente ligada a la industria del mar: la salazón, la conserva, la carpintería de ribera e infraestructuras portuarias”, pero sostiene que “es el que presenta un mayor grado de abandono”. Se refiere al Barrio dos Cataláns como “caso paradigmático”, ya que asegura que, pese a su catalogación urbanística y valor histórico, lleva años degradándose. Frente a ello, indica que surgen oportunidades, como el futuro de la antigua Conservas Cerqueira SA, que, tras el cese de actividad, podría abrir una vía de rehabilitación que compatibilice memoria industrial y nuevos usos culturales o sociales.

Centros históricos

Sobre los centros históricos, este arquitecto afirma que se encuentran entre la inercia y la falta de protección efectiva: “Es en ellos donde se percibe con claridad la falta de una estrategia patrimonial coherente en O Barbanza. No tanto por su inexistencia, que en algún caso es relativa, como por la ausencia de herramientas urbanísticas eficaces para su conservación”, subraya. A diferencia de otros territorios gallegos, donde los cascos históricos fueron objeto de planes especiales de protección y rehabilitación, afirma que en O Barbanza predomina “una situación de indefinición normativa, intervenciones desiguales y pérdida progresiva de coherencia urbana”. 

Respecto a Boiro, señala que “su crecimiento como entidad urbana es relativamente reciente, a partir de una estructura previa de aldeas y lugares dispersos, lo que hace que no exista un centro histórico reconocible en sentido clásico. Esto no implica ausencia de patrimonio, pero sí dificulta su lectura como conjunto y, sobre todo, su protección como tal”. Sobre Ribeira dice que es distinto, pero “igualmente problemático”, pues “su ámbito histórico se identifica con Bandourrío, que conserva parte de la trama tradicional y arquitectura marinera. Pero, eso fue parcial y, muchas veces, alterado por intervenciones poco respetuosas con los valores tipológicos y constructivos originales. La ausencia de un plan especial de protección permitió una evolución fragmentaria, donde conviven elementos valiosos con edificaciones que rompen la escala, materiales y lógica del conjunto”.

El arquitecto Carlos Fernández Coto asegura que los centros históricos se encuentran en una situación entre la inercia y la falta de protección efectiva

Sobre Rianxo, Coto afirma que el problema es “más claramente estructural”, pues sostiene que sigue funcionando con un planeamiento urbanístico de 1985, “claramente desfasado respecto a las necesidades actuales de conservación patrimonial. La existencia de una ARI permitió frenar procesos de deterioro y canalizar ayudas a la rehabilitación. Pero, esa herramienta es insuficiente sin un plan especial de protección del centro histórico, con criterios claros, actualizados y coherentes. La necesidad de una ordenanza moderna no es ya una opción, sino una urgencia”. 

Y de A Pobra dice que presenta una situación que combina “reconocimiento y falta de ejecución” pues, pese a que su planeamiento urbanístico identifica y delimita el centro histórico, carece hace años de un plan especial de conservación que regule las intervenciones. “El resultado es la pérdida de edificaciones tradicionales, sustituidas por bloques de viviendas que desentonan claramente con el tejido histórico. Esta sustitución no es un fenómeno puntual, sino un proceso sostenido que ha ido erosionando la identidad urbana del conjunto”.

Patrimonio en riesgo

Por último, sobre listas de patrimonio en riesgo, Apatrigal comunica que la ‘Hispania Nostra’ mantiene la conocida ‘Lista Roja’ del patrimonio en peligro, donde figuran bienes de O Barbanza. “Su valor es indudable, pero conviene entender su alcance: no es un inventario completo, sino una selección de casos denunciados y evaluados”. Por ello, indica que, en paralelo, hay iniciativas como ‘Patrimoniogalego.net’, a través de su ‘Lista Vermella’, que ofrecen una visión más amplia, aunque menos formalizada, del deterioro patrimonial en Galicia”. Carlos Fernández afirma que ahí emerge una idea clave para entender lo que ocurre en O Barbanza: “lo más grave no es lo que está en la ‘Lista Roja’, sino todo lo que no llega a estarlo. Porque el problema no es sólo la ruina visible, sino el deterioro lento, cotidiano y extendido: edificios que se vacían, estructuras que se degradan, paisajes que pierden coherencia”.

Apatrigal lamenta la degradación que está sufriendo el Barrio dos Cataláns en A Pobra
Apatrigal lamenta la degradación que está sufriendo el Barrio dos Cataláns en A Pobra
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