Irene Noya: “Al baloncesto le debo toda mi vida, pero también me quitó experiencias”
La joven vilagarciana regresa este sábado a Estados Unidos para continuar su carrera en la Universidad de Illinois tras ser bronce en el Europeo

La vilagarciana Irene Noya Catoira vive unos días de descanso antes de su regreso a Estados Unidos y tras ganar el bronce en el Campeonato de Europa Sub 20. Su Vilagarcía natal reconoció los grandes éxitos conseguidos por la joven en los dos últimos años con una recepción en el Concello. Noya apura sus días con los suyos antes de volver al trabajo con el Illinois, equipo en el que militará al menos durante dos años más para terminar su carrera.
¿Cómo se encuentra tras el Europeo?
No tuve mucho descanso porque estuve en Estados Unidos, pero bueno estas semanas aquí me están viniendo bien. El sábado me voy otra vez para allá. Va todo seguido.
Una nueva medalla de bronce para su colección, ¿qué siente al volver con un metal?
Siempre es un orgullo. La medalla acaba siendo lo de menos porque es lo que refleja acabar terceras, pero la experiencia con el equipo y todo lo que hay detrás, al final es lo que más me enorgullece, pero siempre es un regalo demostrar a la gente lo que haces y que las cosas vayan bien..
¿Cómo definiría la experiencia en Lituania?
Muy chula. Realmente fue uno de los mejores años a nivel de experiencia como equipo. El grupo que teníamos era muy guay tanto dentro como fuera de la pista. .
¿Qué cree que tiene esta Selección que no tenga otra?
Creo que conexión. Todas aportamos algo al equipo como diferentes piezas. Lo importante era crear equipo y los entrenadores lo consiguieron.
Contra Lituania fue uno de sus mejores partidos con 12 puntos y ante Croacia con 11. ¿Cómo los recuerda?
Diversión. Realmente en los partidos buenos en lo que menos piensas es en cómo lo estás haciendo porque sabes que está bien. Lo importante es ayudar al equipo, la actuación personal al final es lo de menos.
Llegar a la absoluta es el sueño de toda niña que juega al baloncesto, pero si no sucede, no pasa nada
¿Recuerda algún otro partido en especial?
Me queda la espinita de Francia, porque creo que podíamos haber ganado. Se nos pusieron por encima y fue complicado remar, pero todas teníamos las ganas suficientes, pero ellas tuvieron el día y no pudimos hacer mucho más. Va a ser un partido que nunca se me va a olvidar.

Vivió la recepción de las autoridades vilagarcianas, ¿qué significa para usted este reconocimiento?
Veía a gente que le hacían eso y poder estar haciéndolo ahora es un orgullo. Por muy poco común que sea, yo siempre diré con orgullo que soy de Vilagarcía de Arousa.
¿Qué supone volver a casa después de tantos meses fuera?
Siempre es un momento de desconexión por mucho que no pare y siga entrenando. Al final, estás desde agosto hasta mayo sin rodearte de la gente de siempre, y se nota. Me tranquiliza mucho.
No quería ir a entrenar, no me gustaba sudar y quería seguir en ballet, y aquí estamos
¿Qué cree que aporta al equipo que quizás no se ve en las estadísticas?
Creo que más un juego en equipo. Dar balones y ver el juego de una manera diferente. Pedí partir desde el banquillo porque quería ver esos cinco primeros minutos para poder ver cómo defendía el otro equipo. Los entrenadores están a muchas cosas, y como jugadora ver también esas pequeñas cosas aporta en ese juego que no es tan físico.
¿Cómo es el trabajo dentro y fuera de la cancha?
Con la preparadora física vas controlando las cargas. Igual a veces teníamos una mañana libre o al día siguiente tenías una sesión ligera por la mañana y a la tarde más dura... ese mes previo al europeo es más eso y durante el campeonato es mucho más duro.

¿Cómo ve la posibilidad de llegar a la absoluta?
Obviamente sería un sueño. Sé que hay un montón de gente por delante y no quiero ponerlo como un objetivo que sea un agobio. Sé que el trabajo en cantera está hecho y bastante bien. Ahora queda seguir trabajando con otros objetivos. Es el sueño de toda niña que juega al baloncesto, peros si no llega no pasa nada.
Su marcha a Estados Unidos
Hace dos años, la joven decidió cruzar el charco con varios objetivos en mente, pero sobre todo con la intención de poder compaginar la carrera universitaria con el baloncesto al mismo nivel.
Irse a Estados Unidos no es una decisión fácil, ¿qué supuso cruzar el charco?
Encontrar esa facilidad para compaginar la carrera aquí era más complicado. Quería mejorar el nivel de inglés y poder escoger si seguir jugando o tener un trabajo, o en el momento que se acabe el baloncesto tener un plan B porque nunca sabes qué puede pasar. Fue lo primero en lo que pensé. Illinois es una de las mejores universidades del país y a nivel de baloncesto están en una de las ligas más potentes de la NCA.
¿Qué cree que le aportó Estados Unidos que aquí no podría haber tenido?
Pues 100% el estar compaginando la carrera con el baloncesto al mismo nivel. Luego, al final, lo que me aporta el baloncesto de aquí, son pequeñas cosas que lo hacen diferente y me permiten convertirme en una jugadora más polivalente a nivel mental sobre todo, siendo más “pilla” y también física.
¿Cuántos años le quedan en Estados Unidos?
En principio me quedan fijo dos años para terminar la carrera. Después tengo la opción de hacer un quinto año pero no es obligatorio. Todavía no tengo eso decidido..
¿Cuáles son las principales diferencias que ve entre el baloncesto americano y el europeo?
El baloncesto europeo es mucho más de cabeza. Buscas encontrar los puntos débiles del otro equipo, mientras que el baloncesto americano es más de “voy a hacer esta juvgada y yo gano por fuerte”. El de aquí es mucho más analítico, al final allá con todo el gimnasio acaban siendo unos toros y si tienes un nivel físico enorme compites contra cualquiera.
Siempre diré con orgullo que soy de Vilagarcía de Arousa
Illinois llegó al March Madness, ¿qué significa para usted alcanzar ese hito?
Al final es una competición conocida a nivel mundial. Es increíble, ellos hacen todo a lo grande pero esto era increíble. No te lo esperas así, aquí si hay finales a cuatro no se hace un bombo tan grande. Es una experiencia que no cambiaría por nada, es una pasada.
Actualmente, ¿cómo se definiría como jugadora?
Es difícil, pero creo que usaría la palabra inteligente porque uso más la cabeza de lo que se debería muchas veces. Pienso mucho en lo que se tiene que hacer.

¿Cómo gestiona la presión y las expectativas?
A veces no las gestiono del todo y se nota. Es algo que tengo que trabajar. Me tengo que acordar de que el baloncesto es un juego y lo haces porque te lo pasas bien. El problema que tengo no son las expectativas de nadie salvo las mías, mi problema es más de autoexigencia y perfeccionismo.
¿Cuáles son sus objetivos para esta próxima temporada?
Seguir ayudando al equipo en lo que pueda y preocuparme por lo que yo puedo controlar para dejar de lado todo lo externo.
¿Se imaginaba vivir todo esto cuando empezó a jugar?
No, para nada. Nunca pensé que fuera a llegar a dónde estoy. Alguien sí pensó que podía llegar, pero yo no. No quería ir a entrenar, no me gustaba sudar, yo quería seguir en ballet, pero aquí estamos ahora.
Mi problema no son las expectativas de nadie, son las mías, soy muy autoexigente
¿Qué le diría a la Irene que empezó en el baloncesto?
Que deje de preocuparse tanto por lo que va a venir y que disfrute del momento.
¿Qué le debe Irene Noya al baloncesto y qué le ha quitado?
Al baloncesto le debo absolutamente todo. Desde los cuatro años mi vida giró entorno a él. Mis amigas del colegio acababan siendo amigas porque también entrenaban conmigo. En el Siglo me encuentro con mis mejores amigas, que ojalá mantenerlas toda la vida. Lo que me quitó fueron experiencias de adolescente que no pude hacer.











