“Vilagarcía es un sitio donde el baloncesto está en el ADN de la gente”
Iván Villar, profesor de enseñanzas deportivas del CIFP Fontecarmoa, que este viernes organiza una nueva edición del clinic de entrenadores con la presencia del seleccionador nacional Chus Mateo

Iván Villar Fernández, licenciado en INEF y coordinador de las enseñanzas deportivas en baloncesto que se imparten en el CIFP Fontecarmoa, ha conseguido situar a Vilagarcía en el mapa del baloncesto nacional e internacional, gracias a la organización del Torneo EncestaRías y al Clinic de entrenadores que celebra a partir de este viernes una nueva edición en el pabellón Sara Gómez, con el seleccionador absoluto Chus Mateo y el técnico del Girona Moncho Fernández como cabezas del cartel.
A Villar, natural de Pontedeume, le trajo precisamente el baloncesto hace muchos años a la capital arousana, donde está afincado y ha echado raíces. Y desde aquí, realizando un trabajo que mezcla perseverancia, visión y ambición, no solo ha hecho crecer al ciclo formativo, sino que lo ha convertido en un referente vanguardista, con el programa Erasmus y el clinic retroalimentándose junto al Torneo ACB, con lo que ha tejido una espectacular red de contactos.
¿Cuándo empezaron las Ensinanzas Deportivas de Régimen Especial de Baloncesto en el CIFP Fontecarmoa?
En 2008, que fue cuando llegué. Los dos primeros años estuve yo solo de profesor, y fue en el tercer año, al incorporar el Grado Superior, cuando llegó Pablo Villaronga. En la actualidad somos tres profesores, puesto que la coordinación de Erasmus me quita muchas horas, por lo que también está Iria Uxía como parte del profesorado de bloque específico.
¿Qué acogida han tenido el Grado Medio y el de Grado Superior durante todo este período?
Pues los comienzos, como todo, fueron poco a poco. Al principio se matriculaban amistades, deportistas de equipos de la zona o gente que estaba libre por circunstancias personales. Esto no deja de ser de Régimen Especial, como la enseñanza de idiomas o el conservatorio de música. Con los años hemos ido creciendo y justo antes de la pandemia ya cubríamos la oferta de las treinta plazas. Después hubo un bajón post pandemia, pero en la actualidad ya estamos en cifras récord con 43 matriculados en el Grado Medio y 27 en el Superior, ya que nos permiten también dar clases a distancia por las obras en el centro.
¿Cuántos años hay que cursar?
Antes eran dos, pero desde 2016 pasó a hacerse en un año. Fue para adaptarnos a la competencia, que es la Federación y las empresas privadas que se dedican a la formación, ya que se está mercantilizando la educación. El perfil del alumnado que tenemos es muy heterogéneo, de todas las edades, desde los 17 a los 65 años. Hay alumnos jóvenes que encuentran una motivación con este ciclo y se reenganchan a los estudios. De hecho lo hemos vivido con varios casos. La inspectora me llegó a decir que somos el primer centro de enseñanzas deportivas en España que consiguió que dos alumnos llegarán a la Universidad tras pasar por el Ciclo Medio y Superior. Después tenemos gente universitaria o que acabaron la carrera y no saben que hacer. También gente de cincuenta años que se viene a reciclar y personas de más de sesenta que les apetece y les motiva hacerlo. A pesar de las diferentes edades, siempre hay buena química entre el alumnado que llega de todas partes de Galicia.
¿En qué categorías se puede entrenar con esta titulación?
Con el nivel I hasta categoría infantil y con el II hasta júnior. El Superior es para la máxima categoría, con la diferencia de que los cursos federativos no son un título, sino un diploma, por lo que sólo te habilitan para dirigir en sus competiciones. Sin embargo este título es una profesión reconocida. Los clubes cada vez están profesionalizando más a los entrenadores de cantera, ofreciendo contratos de trabajo, por lo que cada vez hay más gente que se puede dedicar a esto.
Durante estos años no se han limitado a impartir clases, sino que han puesto en marcha el programa Erasmus + y han organizado un Clinic que ya es una referencia a nivel nacional...
Lo del clinic surgió por mi propia experiencia personal cuando hice en su día el curso federativo. Me tuve que ir dos semanas a Málaga, dejándome 3.500 euros hace veinte años. La experiencia formativa no fue buena. Pero sí me marcaron las charlas de Pedro Martínez y Pepu Hernández, que estaba en la Selección y se iba justo al Mundial de Japón. Siempre tuve en mente que los alumnos pudiesen tener otra visión por parte de entrenadores contrastados y con experiencia. Y lo pusimos en marcha con el apoyo de la Consellería, ya que lo encajó como un curso de formación para el profesorado y permite al alumnado interactuar y conocer a todos estos entrenadores. Es algo de lo que estoy orgulloso. Por Vilagarcía han pasado ya seis de los diez entrenadores con más partidos en ACB, entre ellos Pablo Laso, Xavi Pascual, Pedro Martínez o Aíto García Reneses.

¿En qué año fue el primero y quiénes vinieron?
Fue en 2009 y abierto a varios deportes. En el caso del baloncesto vinieron Moncho López, Vicente Rodríguez “Cholas”, Miguel Ángel Ortega y Tito Díaz.
Un buen arranque...
Sí, a partir de ahí vino Luis Casimiro, al que siempre le estaré agradecido. En aquel momento el caché de los entrenadores ACB era inabordable. Tuve la suerte de jugar para él en Gandía y se acordaba de mí. Vino por amistad, rebajando el tema del dinero y dando todas las facilidades. Gracias a él se empezó a abrir el reconocimiento del clinic en toda España. Y es que esto funciona así, hay un cierto efecto llamada y el boca a boca entre ellos es importante. He visitado otros centros educativos de España que también imparten este ciclo, en Las Palmas, Valencia y recientemente en Barcelona, y me llamó la atención que en todos nos conocían, sobre todo por el clinic y también por los Erasmus.
¿Cómo puso en marcha esto último?
Pues nació en 2013 o en 2014, acababa de ser padre y no dormía mucho (risas). Fue un poco una carambola. Ojeando y leyendo en noches de insomnio vi que existía la posibilidad de mandar alumnos de prácticas al extranjero dentro de nuestra especialidad. Empezamos yendo a Suecia, mandando ocho alumnos. A partir de ahí se abrió una veda que provoca que la matrícula esté al 100% porque la gente viene con el objetivo de irse de Erasmus. Hemos abierto socios en Alemania, en el Ulm y el Alba Berlín, en Grecia con el Panathinaikos, en Francia con el Asvel Villeurbanne.

Hemos llegado a equipos de Euroliga y también a otros más pequeños de países con mucha tradición de baloncesto, como Serbia o Lituania, donde tenemos un alumno haciendo prácticas que nos ha dicho que seguramente se quedé allí la próxima temporada porque le han hecho una oferta. Y también hemos llegado a otros países donde el entrenador español cada vez está más reconocido. También mandamos un alumno a Brasil y estamos en contacto con la Universidad de New York, donde también están dispuestos a recibir alumnos. También nos han visitado representantes de estos clubes, por lo que refuerza los lazos entre instituciones y permite al alumnado trabajar y mejorar el idioma del inglés.

¿Cómo ha conseguido hacer todo esto desde un pequeño sitio como Vilagarcía?
(Risas). Soy de Pontedeume, pero siempre digo que Vilagarcía es un sitio donde el basket es ADN. Y lo digo tras haber estado en muchas partes del mundo, en países como Serbia y Lituania donde el baloncesto es casi religión. Vilagarcía está en el mapa y lo notamos cada vez más. Tuve una estancia en Barcelona por una beca y pude estar también en la sede de la ACB, donde nos conocían perfectamente, sobre todo por el clinic.
En esta edición traen a Chus Mateo. El listón del clinic está tan alto que prácticamente se normaliza la presencia del seleccionador nacional en Vilagarcía.
De hecho llega un momento que nos preguntamos: ¿qué viene ahora? ¿Phil Jackson? ¿Obradovic?, con el que ya lo hemos intentado. Es muy difícil traer a entrenadores de equipos top como Madrid, Barça o Valencia en junio porque normalmente están con los play-offs. Chus estaba tanteado desde que está en élite y él quería venir, pero no era posible comprometerse por esa razón. Este año teníamos ganas de contar con él, lo cerramos rápido porque nos dio todas las facilidades. Nos conoce, ya vino al Torneo EncestaRías, y sabe quienes somos. Además tiene referencias de Paco Redondo y Juan Trapero, que ya estuvieron aquí, por lo que conseguimos que cuadrase bien en su agenda.
Menciona el Torneo EncestaRías, que también organiza, ¿de dónde saca el tiempo para todo?
(Risas). En casa ya me dicen que pare un poco.
No es nada conformista...
Ayer en un documental de Estopa leí que la ambición tiene un lado malo y uno bueno, que es el que hay que tratar de coger. Hay que tener los pies en el suelo pero también ambición para crecer. Cuando proponía nombres de entrenadores me decían si estaba loco (risas). Pero todo hay que intentarlo. Con Aíto fueron cinco años detrás de él. Insistiendo mucho. Y a día de hoy tengo mucha confianza con él. Vino a muchas cosas. Al final unas puertas abren otras. Tratamos de que se sientan a gusto y bien rodeados. Después de una temporada dura y exigente, los entrenadores vienen y bajan revoluciones, dentro de un ambiente de baloncesto. Nos pasó exactamente lo mismo con el torneo. Al principio no nos conocían, pero con el tiempo ya todos saben quienes somos, han venido y el boca a boca hace mucho.

Su agenda de contactos debe espectacular. ¿De quién es el número que más le sorprende tener?
(Risas). No sé.
¿El de Florentino Pérez lo tiene?
No, pero el de su mano derecha sí (risas). No sé, tengo el de bastantes entrenadores, como Obradovic, Messina, Itoudis, Ivanovic, Aíto, Xavi Pascual, Laso...se han tocado a todos. Además de directores deportivos como el de Maurizio Gherardini, que estaba en el Fenerbahçe y ahora es el presidente de la Lega Basket.
Eso se consigue a base de pico y pala, desplazándose todos estos años a Finales Four de Euroliga y Copas del Rey, ¿no?
Claro. Por ejemplo, mucha gente nos preguntó como conseguimos traer a Mónaco al torneo. Habíamos hablado con ellos par venir en 2022, pero no se concretó. Fue en una Final Four en Kaunas al año siguiente cuando el contacto que teníamos allí por el convenio de Erasmus me presentó al team manager del Mónaco (Rokas Mickevičius), con el que había intercambiando mails. Hablar cara a cara fue clave e hicimos amistad. Las relaciones son muy importantes, es algo que también aprendí con los Erasmus. El trato personal es más cercano y lo cambia todo a la hora de entablar relaciones.

¿Cuánta gente acudirá al clinic este fin de semana?
Estamos cerca de los ochenta inscritos. Normalmente la media son setenta. Después hay mucha gente que se apunta a la versión online, porque cada vez tenemos más seguidores de diferentes partes del mundo. En los últimos días es cuando más se apunta la gente. Estamos convencidos de que va a ser una muy buena edición, con la presencia también de Moncho Fernández, que ha demostrado su calidad en Girona, Siendo uno de los presupuestos más bajos, salvó el club la temporada pasada y este año lo ha tenido siempre ahí peleando por el play-off. Y después con Suso Garrido, al que conocí haciendo la EncestaRías Woman y lo he seguido porque tenemos alumnos de prácticas en el Ensino. Además pude estar en la Copa de la Reina este año, que me encantó, y me gustó mucho como entrenó y la identidad de juego que le dio al equipo. Y completamos el cartel con Diego Fernández, un entrenador gallego del que tengo muy buenas referencias, y va a cubrir un espacio de cantera y las necesidades formativas de mucha gente.
¿Se imaginaba que iba a poder vivir de una profesión con este vínculo tan fuerte con el baloncesto?
Soy muy afortunado por trabajar de lo que me gusta. Doy clase, algo que siempre me gustó, y lo hago de baloncesto, que me apasiona. Mi espinita clavada es la dirección deportiva, algo que siempre me gustó a pesar de que es ingrato. Pero es un privilegio poder impartir baloncesto, organizar eventos, hacer el clinic... Poder cenar con Aíto fue un sueño cumplido y se lo dije él, lo he admirado toda mi vida como entrenador modelo por propuesta de juego y como persona, por sus formas. Hacer todo esto aquí, con mis amigos con los que trabajo codo a codo como Pablo Villaronga, o con Diego Doval en el torneo y con Javichu, es una forma de vida. Si me lo hubiesen dicho hace años no me lo hubiera creído. Sería profesor de Educación Física, que era a lo que estaba predestinado y no me disgustaba, pero hacer todo esto es increíble.











