
La empresa A Citania inició los trabajos en altura en la finca de Valle Inclán, en el tramo que la une con el parque Valdés- Bermejo. En concreto, los arqueólogos están actuando sobre el desnivel que une el segundo nivel del emblemático jardín con los terrenos situados a pie de carretera. Protegidos con cuerdas y arneses, el equipo se encuentra en la zona desde hace casi dos semanas.
Los trabajos se enmarcan dentro del control arqueológico que la promotora del Mercadona está llevando a cabo en este solar. Ante la necesidad de reconstruir el muro que existe en este nivel, la Dirección Xeral de Patrimonio instó a realizar nuevas excavaciones, para lo que se contrató a la firma A Citania, que fue también la que llevó a cabo la investigación en el nivel de abajo.
Durante estos días, los arqueológos, explica Israel Picón, documentaron ya el muro de cachote y se retiraron tocones de árboles de dimensiones bastante grandes que había en la zona.
“A intervención é nunha área de 18 metros de longo e tres de ancho”, explica Picón. A finales de la semana pasada, los arqueólogos se encontraban todavía en el sustrato de nivel de uso reciente, ya que sobre la finca, de carácter privado hasta hace unos años, se realizaron actuaciones, como la construcción del mirador.
En concreto, el viernes estaban a 1,35 metros, de los dos de profundidad con los que cuenta, y empezaban a asomar, tímidamente, material arqueológica de cronología romana, como una boca de ánfora.
Una zona muy prolífica
Los trabajos que está llevando a cabo A Citania en el conjunto de la finca de Valle- Inclán, ahora en la conexión con el Valdés- Bermejo, están resultando muy prolíficos. Y es que durante una primera fase de la intervención, los arqueólogos descubrieron un hallazgo de gran importancia, una cetárea romana o fábrica de salazón, que conecta el Castro Alobre con la industria vinculada al mar.
Esta intervención quedó reflejada en un informe en el que, el equipo dirigido por la doctora en Arqueología María Martín Seijo y coordinado por Israel Picón, incidía en que el estudio de esta estructura permitiría “unha completa caracterización do peixe e produtos derivados (garum, muria, hallec. liquamen)” realizado en época romana en la costa sur de Galicia. No fueron las únicas evidencias de la actividad fabril en el Alobre, sino que además en las inmediaciones se localizaron dos concheros con restos de huesos, cerámica de pasta micácea para la cocina o procesado de alimentos y otros elementos que, además, mostrarían un tipo de alimentación diferente a la que registraron los depósitos localizados en el primer nivel del Alobre.
Y si se habla de niveles es, precisamente, porque los trabajos realizados por A Citania también desvelaron algo que, hasta el momento, no se había planteado: La puerta marítima del castro. Y es que la aparición de un acceso reveló que el yacimiento en el que se originó Vilgarcía era, en realidad, mucho más grande de lo que se creía hasta entonces y llegaba hasta el nivel del mar. Los dos descubrimientos, según se comprometió el Concello, serán protegidos y conservados para su divulgación.







