Más de cien kilómetros de Camiño para reencontrarse con Galicia
La iniciativa reunió a jóvenes de seis países para recuperar el vínculo con la tierra de sus familias

Tras recorrer más de cien kilómetros, el esfuerzo del Camino encontró su recompensa cuando la Catedral de Santiago apareció ante ellos. Los abrazos, los gritos y alguna que otra lágrima pusieron el broche final a la experiencia de un centenar de jóvenes descendientes de emigrantes gallegos que ayer culminaron la 36ª edición de Conecta con Galicia no Camiño en la praza do Obradoiro.
Para algunos era la primera vez que pisaban Galicia, otros regresaban para descubrir esta tierra desde otra perspectiva. Todos, sin embargo, llegaban con una idea de lo que era esta comunidad gracias a las historias familiares. Durante los últimos días recorrieron el Camino Portugués o la Vía da Prata, pero la experiencia fue mucho más allá de completar una ruta de peregrinación. Les permitió descubrir la Galicia rural, convivir con jóvenes de distintos países unidos por un mismo origen.
Esta iniciativa está organizada por la Secretaría Xeral da Emigración en colaboración con la Dirección Xeral de Xuventude y reúne este verano a un centenar de jóvenes de entre 18 y 21 años procedentes de Argentina, Brasil, Cuba, Uruguay, Venezuela y México. A través del Camino de Santiago y de diferentes actividades culturales, el programa busca reforzar el vínculo de las nuevas generaciones de la diáspora con la tierra de la que un día emigraron sus familias.
El secretario xeral da Emigración, Antonio Rodríguez Miranda, destacó que el programa permite a los participantes conocer Galicia no solo a través del Camino, sino también acercarse a su patrimonio y a su medio rural. “É unha inmersión completa na realidade galega”, resumió durante el acto celebrado en Santiago, en el que también participaron los jóvenes del programa Conecta co Voluntariado en Galicia, que compartieron con ellos los últimos metros del recorrido hasta la praza do Obradoiro.
Viaje a las raíces
Las historias de Azul, Martino y Paola tienen un punto en común, en las tres, el vínculo con Galicia nació a través de sus abuelas, que mantuvieron viva esa conexión familiar pese a la distancia. Para Azul Cannas, de Buenos Aires, el Camino fue mucho más que un reto físico. Asegura que la experiencia le dejó una reflexión que va más allá de los kilómetros recorridos. “Fue una experiencia muy enriquecedora por la parte física, por superar un montón de etapas que son difíciles para el cuerpo, pero también por lo colectivo”, explica. La joven considera que la convivencia diaria con el resto de participantes fue uno de los aspectos más valiosos del programa. “Frente a este mundo que nos propone cada vez más individualidad, el Camino aparece como una trinchera frente a eso, porque vuelve constantemente a lo colectivo”, reflexiona.
De esta experiencia se queda precisamente con la compañía. “Lo más lindo fue el grupo que se formó. Esperemos que cuando volvamos a nuestros países podamos seguir manteniendo el vínculo”, afirma.
Para Martino Pane, también natural de Argentina, era la primera vez que visitaba Galicia. Durante el programa no solo recorrió el Camino de Santiago, sino que también visitó el pueblo de origen de su abuela, Poio, donde conoció a familiares con los que nunca había tenido contacto. “Me recibieron como si me conocieran de toda la vida. Fue una experiencia hermosa”, recuerda.
De esta vivencia se queda con la posibilidad de conocer la cultura gallega, sus tradiciones y, sobre todo, reencontrarse con una parte de su historia familiar. “Me llevo los amigos, los compañeros, familiares que no conocía y ahora conozco, y también las ganas de volver”, concluye.
Paola Colmenares, natural de Caracas (Venezuela), ya había visitado Galicia de pequeña. Sin embargo, reconoce que recorrer el Camino le permitió descubrir una parte de Galicia que todavía no conocía.
“La palabra perfecta para definir este programa es conectar. Hemos conectado con Galicia y también con gente de otros países”, asegura. Para ella, la convivencia fue uno de los grandes valores de la experiencia, además de la oportunidad de conocer los lugares de los que tantas veces había oído hablar en casa. “Yo le enseñaba fotos a mi abuela y ella me decía: ‘Yo estuve ahí’”, relata.
Aunque hubo etapas especialmente exigentes, asegura que el cansancio quedó en un segundo plano. “La emoción que sentíamos era lo que nos hacía seguir”, afirma. Antes de regresar a Venezuela, todavía espera aprovechar los últimos días para seguir descubriendo Galicia junto al resto del grupo.












