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Más pacientes, pero menos prejuicios: cómo la pandemia marcó un antes y un después en la asistencia al psicólogo

El año 2020 fue clave para la normalización de la salud mental, pues la sociedad pasó de concebirla como un tema casi tabú a ser consciente de la importancia que tiene en el desarrollo vital

Lucía Gómez, psicóloga en la clínica María mi matrona, en Vilagarcía
Lucía Gómez, psicóloga en la clínica María mi matrona, en Vilagarcía
Mónica Ferreirós
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El 2020 marcó un antes y un después en la historia, convirtiéndose en un punto de inflexión no solo para los gallegos y españoles, sino para la sociedad global. Con el estallido de la pandemia por la Covid-19, el 15 de marzo el Gobierno se vio en la obligación de decretar el estado de alarma ante la excepcional situación de crisis sanitaria, que acabó derivando en un periodo de cuarentena que, en un principio iba a ser de dos semanas, pero finalmente acabó por prolongarse casi 100 días.

Ante este anormal escenario, la incertidumbre se hizo eco en la mente de todas las personas, quienes se encontraron con sus vidas completamente paralizadas y, en muchos casos, sin conocimiento alguno de cómo continuarían. Con más tiempo para pensar, muchos comenzaron a reflexionar sobre aspectos que en su día a día procesaban en automático y a los que, quizás, apenas daban relevancia, provocando cambios drásticos de perspectiva o, también, un importante desgaste mental.

“La pandemia supuso una amenaza a una supuesta estabilidad”, expone Cecilia Otero, psicóloga de Sanxenxo. Esta inseguridad fue un factor clave para que la sociedad empezase a fijarse en otras cuestiones de su vida, como el autocuidado y el tiempo social de calidad. “Antes casi siempre era 100% enfocarse en el trabajo, y al ver que eso podía desaparecer de un día para otro, comenzaron a priorizar otras cosas”, apunta. “Fue como un ‘boom’ para pararnos a ver más nuestra salud mental: las emociones, la gestión de la vida, los conflictos, las enfermades,... aspectos que antes procesábamos más en automático y que, a partir de ahí, recapacitamos y empezamos a ser más conscientes”, añade Pilar Fuentes, psicóloga en Boiro.

El contexto propició que el aumento de casos en las consultas fuese inevitable, achacándolo además a una “situación social y emocional precaria que ya venía de antes y que hizo que muchas personas tambaleasen”, según expone la psicóloga ribeirense, Carmen Hermo.

Pérdida de estigmas

De esta forma, la toma de conciencia general sobre la salud mental fue tan grande que poco a poco se fue hablando más abiertamente al respecto, rompiendo progresivamente con los estigmas y prejuicios que había entorno a recurrir al psicólogo, pese a seguir existiendo una minoría a la que aún le genera cierto rechazo. “Antes llegaban a consulta perfiles que ya estaban abiertos al mundo de la psicología. Pero en estos últimos tiempos vienen personas que te admiten que para ellos era una cosa de locos”, explica Lucía Gómez, profesional en Vilagarcía.

“Creo que las redes sociales jugaron un papel positivo en ese sentido, pues ayudaron a la divulgación y normalización”, apunta Cecilia Otero, quien también subraya que “antes de la pandemia se esperaba a estar muy mal”, pero que ahora la gente va a consulta “un poquito más desde el punto de vista preventivo o desde el primer momento en el que se sienten incómodos con algo”.

En esta línea, destaca que “muchos pacientes me verbalizan que ir al psicólogo entra dentro de su plan de autocuidado”, asumiendo así una nueva concepción de acudir a consulta como una herramienta auxiliar en el desarrollo vital. “La gente cada vez es más consciente de la importancia de la salud mental y está más normalizado, asumiéndolo como quien va al fisioterapeuta o al dentista”, destaca Pilar Fuentes.

La gente cada vez es más consciente de la importancia de la salud mental y está más normalizado, asumiéndolo como quien va al fisioterapeuta o al dentista”Pilar Fuentes, psicóloga en Boiro

Cambios en las consultas

En consecuencia, no solo ha aumentando el número de pacientes en general, sino que se ha ampliado el perfil de los mismos. Cuando antes lo más habitual era que mayoritariamente acudiesen mujeres a consulta, ahora también es frecuente la presencia de hombres. Además, la franja de edad ha crecido, ganando terreno los jóvenes adultos (entre 18 y 30 años) y aquellos que sobrepasan la edad de jubilación. “Sobre todo vienen personas que están en etapas de cambio vital”, señala Carmen Hermo.

Los motivos de acudir a consulta también han evolucionado. Cuando antes lo más habitual era que llegasen casos avanzados con trastornos de ansiedad o depresión (entre otros), ahora entre los adultos –y muy ligado a ese factor preventivo– “cada vez hay mucha consulta sobre disconformidad con la vida en general y muy relacionada con la ámbito laboral, conciliación y organización”, explica la profesional sanxenxina.

Cada vez hay mucha consulta sobre disconformidad con la vida en general y muy relacionada con la ámbito laboral, conciliación y organización”Cecilia Otero, psicóloga en Sanxenxo

En esta línea, las especialistas apuntan también a un crecimiento de casos por problemas en el trabajo, sobre todo por “mobbing” (acoso laboral) y un mayor estrés derivado de los mismos.

Además, y gracias a la mayor información disponible sobre la neurodivergencia, cada vez es más frecuente que pregunten por temas relacionados con alteraciones del desarrollo cognitivo, como Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), altas capacidades u otras condiciones.

Según datos del último Informe Anual del Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad, publicado en diciembre de 2025, en el año 2023 un 35,6% de la población española adulta registró en atención primaria algún problema de salud mental, siendo los más frecuentes los trastornos de ansiedad, del sueño y depresivos, destacando sobre todo la población menor de 25 años, entre la que también fueron comunes los problemas específicos de aprendizaje.

Niños y adolescentes

También, ha habido un aumento de niños y adolescentes en las consultas. Según explican las psicólogas, muchos padres llevan a sus hijos a edades muy tempranas para identificar cuanto antes si tienen Trastorno del Aspectro Autista (TEA), TDAH, dificultades de aprendizaje u otros. “Los padres están más alerta y traen a sus hijos antes para prevenir”, señala Lucía Gómez. Además, hay mayor consulta por problemas relacionados con aspectos más cotidianos como el sueño o la comida.

En cuanto a los adolescentes, cada vez aprecian más dificultades de desarrollo emocional y de enfrentamiento ante determinadas situaciones de la vida. “Llegan a esa etapa y todo les sobrepasa”, expone Cecilia Otero, subrayando que “es un problema multicomponente” y señalando aspectos como que “cada vez hay más sobreprotección”, “se les facilita demasiado la vida a lo largo de la infancia” o “a la parte emocional no se le presta la educación necesaria”.

Asimismo, la especialista de Ribeira apunta que “se detectan bastantes casos de ansiedad, problemas de depresión, conductas autolícitas y también está habiendo un repunte de trastornos de la conducta alimenticia”.

Temor a estar mal 

Pese a que las profesionales celebran la pérdida de prejuicios y que la gente acuda a consulta antes de encontrarse en un muy mal escenario, hay también quien identifica este crecimiento como un temor a estar mal. “Parece que la gente rechaza experimentar el sufrimiento”, expone Nayara Juncal, psicóloga de Cambados, quien pese a estar a favor de que las personas acudan cada vez más con una intención preventiva, ve que algunos visitan las consultas como quien se toma un jarabe para un catarro. “No se da margen a superar una crisis por si mismo, sino que en el momento de estar viviéndola, ya recurren al psicólogo en búsqueda de una solución inmediata”, afirma. 

Parece que la gente rechaza experimentar el sufrimiento”Nayara Juncal, psicóloga en Cambados

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